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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

10
Dic
2012

La decepcionante misión del Mesías

4 comentarios

El lunes de esta semana de Adviento, el evangelio de la Eucaristía ha narrado la historia de un paralítico descargado desde la azotea hasta el lugar donde estaba Jesús. Jesús realiza con esta persona lo que el ángel había anunciado a José: “él salvará a su pueblo de los pecados” (Mt 1,21). Efectivamente, cuando Jesús se encuentra con el paralítico le dice: “Hombre, tus pecados están perdonados” (Lc 5,20). No era eso lo que se esperaba el enfermo, ni tampoco sus portadores. De ahí la pertinencia de la pregunta: ¿qué clase de salvación aporta Jesús? El nombre de Jesús significa “Yahvé salva”. En la aparición a José, el mensajero divino aclara en qué consiste esta salvación: “el salvará al pueblo de sus pecados”.

El Papa, en su libro sobre la infancia de Jesús, que tantos comentarios ha suscitado, escribe que la misión salvífica que el ángel asigna al niño tiene un alto contenido teológico, pues sólo Dios puede perdonar los pecados. Pero, por otro lado, añade, “esta definición de la misión del Mesías podría parecer decepcionante. La expectación común de la salvación estaba orientada sobre todo a la situación penosa de Israel: a la restauración del reino davídico, a la libertad e independencia de Israel y, con ello, también al bienestar material de un pueblo en gran parte empobrecido. La promesa del perdón de los pecados parece demasiado poco y a la vez excesivo: excesivo porque se invade la esfera reservada a Dios mismo; demasiado poco porque parece que no se toma en consideración el sufrimiento concreto de Israel y su necesidad real de salvación”.

Este planteamiento no ha perdido un ápice de actualidad: ¿qué clase de liberación aporta el Evangelio? ¿La salvación que trae Jesús me va a dar a mi de comer? ¿Responde Jesús a las expectativas de las personas? Hoy la gente no se siente oprimida por sus pecados, sino por su penuria, por la falta de libertad, por la miseria de la existencia. Al afirmar la prioridad del perdón de los pecados como fundamento de toda verdadera curación del hombre, Jesús nos está señalando dónde están nuestros verdaderos intereses: en la relación con Dios. Si esta relación se quiebra, todo está perdido. Pero al mandar al paralítico, ya curado de sus pecados, que tome la camilla y eche a andar, nos está llamando a ser nosotros su mano generosa para asistir y atender a tantas personas necesitadas con las que nos encontramos. En este último año, “Caritas” ha aumentado considerablemente las ayudas a personas en extrema necesidad, porque también se trata de eso: de hacer andar al paralítico.

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1
Bernardo
11 de Diciembre de 2012 a las 11:06

La palabra "perdón" es aplicada por Jesús en la oración que enseña a sus discípulos a las deudas, que lo son económicas y tiene un fuerte componente social, histórico y político. El perdón de las deudas era un modo de romper la esclavitud en la que los pobres eran sometidos por el orden existente. En el origen, las tierras y los recursos son propiedad comunal y nadie puede apropiarse los medios de producción sin violencia. Una fórmula para hacerlo es crear el concepto de deuda para que así los legítimos usufructuarios de los recursos ceden sus derechos a los que por la fuerza se lo apropian. Romper con la lógica de la deuda es romper con el orden social injusto, con el Imperio de satanás y crear las condiciones para la venida del Reino de Dios. Por eso, los seguidores de Jesús perdonan las deudas y buscan la ruptura de la lógica del endeudamiento.
Hoy el signficado de "perdón de los pecados" es ruptura con la lógica del endeudamiento que nos lleva a caer presas de la avaricia del sistema financiero. Si los desahuciados creyeran de verdad que sus pecados le son perdonados, dejarían de pagar las hipotecas, se negarían a abandonar sus casas, destruirían el sistema que les roba y serían libres para crear un mundo de hermanos. Eso significó entonces el perdón de los pecados y eso significa hoy. Es seguro que nunca significó una espiritualización de las relaciones políticas, a no ser en el momento en el que la Iglesia se acerca al poder y vive de él, entonces sí, el perdón de los pecados se convierte en algo banal y sin sentido para esta vida, más allá, claro, del mantenimiento del estatus social vigente.

2
Oscar
11 de Diciembre de 2012 a las 11:12

Lo de Caritas es admirable. Pero sin olvidar que en muchos conventos de monjas de clausura y de no clausura, cada día se reparten montones de bacadillos para gente que tiene hambre. Me parece que eso es una manera de anunciar a Jesucristo, aunque estoy de acuerdo con el blogger en que hoy no es fácil decir que lo importante es la relación con Dios a tanta gente con problemas. Pero yo conozco cristianos que han perdido el trabajo, viven humildemente y siguen bendiciendo a Dios.

3
Juanjo
11 de Diciembre de 2012 a las 14:50

En el texto de Lc, a diferencia del paralelo en Mc hay algunos datos que me parece interesante comparar; Jesús llama al paralítico hombre (no "hijo"): parece que indica así Lc la universalidad de la salvación. Los fariseos y maestros de la Ley procedían de todos los rincones del territorio judío, incluida Jerusalén (v 17): parece un desafío de Jesús al exclusivismo judío. La Única condición para la salvación, es la fe/adhesión a Jesús (20), no la observancia de la Ley judía, que en el fondo no consigue hacer caminar. Jesús, en cambio parece convencido de que Dios no ha vinculado el perdón a los rituales, ni a las normas de ley, sino que perdona por la fe comprometida. Mi reflexión entonces es; ¿Seremos capaces de creer de verdad que Dios es Padre de Todos sin excepción? ¿Qué Dios es el primero en no estar de acuerdo con todas las parálisis que nos afectan? ¿Qué el creer en Dios, de verdad, supone poder caminar a pesar de cualquier impedimento? ¿Qué necesitamos de alguien más en nuestra vida?

4
Una oveja rebelde
11 de Diciembre de 2012 a las 19:29

Tal vez a diferencia de los escribas y fariseos que presenta el evangelio de san Lucas, para nosotros la misión del Mesías, el Salvador no sea decepcionante sino exactamente la única salvación que realmente salva. De acuerdo con lo que comenta san Ireneo de Lyón sobre este pasaje del evangelio en su obra “Adversus Haereses” III,2-2; el ser humano no se puede dar la salvación a sí mismo. Afortunadamente necesita de los otros (en este caso de Jesucristo), el cual reconocemos como Mesías y también de los demás seres humanos (así el paralítico necesitó que lo colocaran en la presencia de Jesús).El Mesías salva y cura el interior del ser humano (“sus pecados”) pero también a consecuencia de esto puede curar hasta físicamente, ya que el interior y el exterior en el ser humano están entrelazados (cuerpo, espíritu).
En conclusión, me quedo con la salvación de Jesucristo y la caridad en el sentido de relación necesaria con demás para la realización humana. Todos necesitamos de todos y como no de Dios. Y si alguien cree que sin ayuda de los demás va a ser feliz está equivocado.

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