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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

4
Dic
2014

Inmaculada por ser de Dios

8 comentarios

La fiesta de la Inmaculada Concepción puede ser una buena ocasión para aclarar un malentendido que todavía se da entre muchos creyentes. Me refiero a la confusión extendida en la mentalidad común entre inmaculada concepción y virginidad de María. Supuestamente, María no tendría pecado por ser virgen. Esta confusión avala la falsa idea de que el pecado original consistiría en la relación sexual de Adán con Eva y fomenta una concepción negativa de la sexualidad en la vida cristiana. Convendría que los cristianos no difundiéramos estas ideas que luego sirven para ridiculizar la fe por parte de los enemigos de la fe.

El dogma de la Inmaculada Concepción es reciente. Los padres griegos lo ignoran y ha sido rechazado por grandes figuras como san Bernardo y santo Tomás de Aquino. Precisamente el argumento que daba Tomás de Aquino para no aceptar la Inmaculada Concepción ayudó a precisar el sentido del dogma. María, decía Tomás, necesitaba ser redimida, como cualquier otro ser humano. Por tanto, es inaceptable toda comprensión del misterio de María que dé a entender que ella no necesitaba de Cristo por no tener pecado. La declaración dogmática proclamada por Pío IX deja claro que María fue redimida con la más perfecta de las redenciones: con gracia previniente y elevante.

En la pureza de María irradia la santidad de Dios, el único santo. Así lo que ocurre con ella podría entenderse como un signo que indica a todos los cristianos donde está su meta: en vivir santos e inmaculados delante de Dios por el amor. La virginidad de María es otra cosa: es la “otra cara”, el correlato humano de la afirmación de fe en la divinidad del niño que ella lleva en su seno. Es un modo de decir que el niño que nace de María, siendo hijo de los hombres y, por tanto, tan humano como cualquier otro, a diferencia de todos los otros humanos, sólo tiene por Padre a Dios. No se puede confundir, por tanto, el dogma de la Inmaculada con el misterio de la virginidad de María. Son dos misterios relacionados, pero distintos. En María, la razón de ser inmaculada no es ser virgen, sino ser de Dios.

En cualquier caso, conviene dejar claro que todos los dogmas marianos son teológicamente correctos y legítimos sólo cuando pueden entenderse cristológicamente. Estos dogmas tienen su importancia en la medida en que en ellos se debaten cuestiones cristológicas. Es lo que sucedió en el Concilio de Éfeso cuando se debatió la verdadera Encarnación de Dios con ayuda del título “Madre de Dios”. Así y todo, hay que procurar que ni los dogmas marianos ni ningún otro, ni tampoco las manifestaciones de la piedad popular, impidan el acceso al centro y a la clave de toda fe, que es el misterio de Cristo.

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1
Luciana
6 de Diciembre de 2014 a las 20:48

La grandeza de la Inmaculada está desbordada en su Maternidad,Madre de Dios nos hinca de rodillas ante su virginidad y la aceptación por la fe del Misterio de Cristo.

2
La razon
7 de Diciembre de 2014 a las 00:48

Sobran genuflexiones en algunos creyentes y en mi opinion falta reflexion.Tendriamos que estudiar mas a Santo Tomas.No es pecado.

3
Juan
7 de Diciembre de 2014 a las 03:37

Dios no nos fuerza, cuenta con nuestro consentimiento. María da su consentimiento para ser la Madre de Dios, Lc. 1,26, y deja saber al ángel el voto de su virginidad. Una vez aclarada la situación, María exclama: he aquí la esclava del Señor; pero una esclava libre: hágase en mi según tu palabra.. Si la Virgen Maria, la Inmaculada Concepción, fue predestinada, ¿Dónde está su libertad? ¿Qué significado tiene el momento preciso de su consentimiento? ¿Se llevan bien el SI de Maria y la idea de ser predestinada? Gracias, fray Martín.

4
dinamismo del Amor
7 de Diciembre de 2014 a las 13:49

Volver a los evangelios. Rescatar a María encarnada, dentro del misterio de la encarnación, más allá de brillos, purpurinas y ropajes imperiales, que no representan la divinidad, sino que nos aleja de ella. María no es una diosa, recordaba insistentemente un dominico en otro tiempo.

El fiat de María fue el inicio. Su espíritu se alegra en Dios “su Salvador”, nos recuerda el Magníficat. María trabajando en la casa, yendo al pozo a sacar agua, sosteniendo la vida familiar. María en las Bodas de Caná, hablando y actuando con libertad, haciéndose eco de las necesidades, como discípula solicitando a su Maestro que interviniera. “ Mujer, no es mi hora” .
María caminando, sola, para visitar a Isabel. Dinamismo del Amor, que transmite el gozo de vivir, en lo esencial, en lo pequeño.

Y junto a la Cruz, María al inicio de una nueva eclesiología: “ Ahí tienes a tu Madre”. Discípula, madre, hermana.
María encarnada. Imagen de Amor y servicio.

La fiesta de la Inmaculada Concepción nos recuerda nuestro engendramiento en Dios. Nuestro origen divino.

Gracias a las teólogas por su contribución específica y plural a la inteligencia de la fe. Por la relectura evangélica de la figura de María. Que no sean solo “ las cerezas del pastel”, en broma reciente de Papa Francisco, expresando su deseo de una mayor presencia de teólogas en la Iglesia.

Gracias Fray Martín

5
Juan
8 de Diciembre de 2014 a las 21:28

En el dia de la Inmaculada, me gustaría que alguien me explicase cómo conjugar la acción de la gracia, la predestinación, y la libertad humana (sin consideraciones históricas de pelagianismos, jansenismos, disputas Báñez=Molina, concilios..). Una explicación teológica sencilla y clara. Muchísimas gracias, y que la llena de gracia interceda por nosotros.

6
Martín Gelabert
8 de Diciembre de 2014 a las 22:01

Para Juan: Actualmente la teología se ha distanciado de la idea de predestinación que tenía San Agustín y no digamos Juan Calvino. Predestinación no significa que todo está determinado de antemano y la historia discurre mecánicamente según un plan pre-establecido por Dios. Lo que significa es que el hombre no es producto del azar, sino que desde siempre ha sido elegido y destinado por Dios para ser adoptado como hijo (Rm 8,28-30; Ef 1,4-14). Hay una correspondencia entre la voluntad de Dios y el sentido último de la vida humana. Creer significa, por tanto, tener fe en la bondad radical de los planes de Dios para con los hombres y en el sentido último de la existencia humana: ponerse a si mismo y a los demás en manos de Dios. la predestinación divina y la experiencia de que el hombre tiene sentido son dos aspectos de una misma y única realidad salvífica.

7
Martín Gelabert
8 de Diciembre de 2014 a las 22:05

Para Juan: ¿cómo conjugar la gracia y la libertad humana? La gracia actúa siempre a través de la libertad, nunca compitiendo con ella. Dios mueve a todos los seres según el modo de ser de su naturaleza, decía santo Tomás. Es así que el hombre es por naturaleza un ser libre, luego Dios mueve a la criatura humana a través de la libertad.

8
mar
9 de Diciembre de 2014 a las 00:37

Hay quienes dicen que María fue una mujer como cualquier otra y niegan su Inmaculada Concepción. Dicen que esto no pudo haber sido posible, que todos nacimos con pecado original. En el Catecismo de la Iglesia Católica podemos leer facerca de la Inmaculada Concepción de María en los números 490 al 493.

El alma de María fue preservada de toda mancha del pecado original, desde el momento de su concepción.

María siempre estuvo llena de Dios para poder cumplir con la misión que Dios tenía para Ella.

Con el Sacramento del Bautismo se nos borra el pecado original.
Dios regala a cada uno de nosotros las gracias necesarias y suficientes, para que podamos cumplir con la misión que nos ha encomendado.
Gracias Fray Martin

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