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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

20
Mar
2018

El parlamento chino, ¿parábola del cielo?

3 comentarios
parlamentochino

Las parábolas de Jesús, en las que describe a qué se parece el Reino de los cielos, se sirven de comparaciones tomadas de la vida real. Me pregunto si un reciente acontecimiento político no daría pie para hacer una buena parábola de lo que puede ser el cielo. Estoy pensando, ni más ni menos, que en lo ocurrido en el parlamento de Pekín hace unos días: Xi Jining ha sido reelegido para un segundo mandato como presidente de China por una mayoría unánime de 2.970 votos a favor por ninguno en contra y cero abstenciones.

Una unanimidad así, que parece de entrada imposible, podría ser una buena parábola del cielo. En efecto, allí todos estaremos de acuerdo, sin ninguna duda ni reserva, porque al conocer el bien absoluto, nuestra adhesión será total y sin fisuras. Pero en este mundo, no existe el bien absoluto. Incluso los mejores bienes son limitados. Por eso, la elección del presidente chino es una mala parábola, porque no se trata de una ficción, sino de algo realmente ocurrido. Pero todos sabemos (incluido el propio elegido) que en la base del suceso está o bien el fanatismo o bien el miedo. O el lavado de cerebro, que viene a ser lo mismo. Y claro, ni el fanatismo ni el miedo pueden ser parábolas del cielo. Como ficción, la parábola podría funcionar. Como expresión real de fanatismo o miedo, no funciona.

Las unanimidades solo se dan alguna vez en pequeños grupos. Cuanto mayor es el grupo, mayores son las posibilidades de encontrarnos con opiniones distintas. Eso vale para nuestras comunidades eclesiales. Una comunidad en la que nadie se atreve a decir lo contrario de lo que piensa el jefe de turno, no es evangélica. Primero porque en las comunidades cristianas no hay “jefes”, sino hermanos que prestan un servicio. Y luego porque en las comunidades cristianas, la diversidad, lejos de separar, enriquece. Puesto que todos buscamos el bien, las distintas opiniones y visiones contribuyen a una búsqueda más afinada, más matizada y más equilibrada del bien.

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1
Pablo
20 de Marzo de 2018 a las 17:37

Teóricamente todos los creyentes buscamos el bien común, por lo tanto, las diversas opiniones siempre enriquecen la causa de Cristo, y sirven para la corrección mutua de la mala interpretación que unos y otros pueden hacer de la misma Palabra y la misma parábola o metáfora que Cristo hace para que lo entendamos mejor. pero el pastor no da lugar al dialogo, el hace su homilía y los medas callandito, ni opinar ni preguntar ni pedir explicaciones de lo que el cura dice en caso de que no se entienda. Sin dialogo fraterno no vamos a ninguna parte. La ley de la iglesia no contempla esta posibilidad, por lo cual se debería pedir que la contemple, no obstante yo creo que los curas tiene autonomía para poder ofrecer al publico la posibilidad de opinar o preguntar en la homilía, o mejor formar espacios de dialogo sobre el evangelio en otros lugares o fuera de las horas de misa.

2
Juanjo
20 de Marzo de 2018 a las 17:48

Ese es quizá el síntoma más claro de la inmadurez en una comunidad cristiana. Que hay alguien que se siente docente y resto debe ser discente. Alguien debe "mandar" y el resto debe "obedecer". O al menos ser sumiso. Alguien es capaz de discernir y otros "por su ceguera" deben ser dóciles. Y además se tiene cierta autoridad o se la arroga como mediador cualificado.
("No sea así entre vosotros...")

3
Emilio
21 de Marzo de 2018 a las 19:18

Creo que como dice Frai Martín la clave es prestar un servicio, lo dijo Jesús, (El vino a servir), pero sobre todo con humildad y aquí está nuestro tendón de Aquiles.
Conozco sacerdotes que dialogan en las homilías, unos que las dicen estupendas, otros que mejor que sean breves..., pero desde mi punto de vista lo más enriquecedor es poder participar de una forma u otra en la vida de la Iglesia y a través de la parroquia es un buen camino y es aquí donde los sacerdotes y párrocos tiene que abrir las puertas a todos los cristianos y animarlos, no cerrarse en los pequeños grupos que hay en muchas parroquias y donde todos votan en los consejos parroquiales lo que dice el párroco.

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