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Blog Nihil Obstat

Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

18
Nov
2015

Discrepar desde la verdad

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En el Concilio Vaticano II hay un texto valiente a propósito de las religiones no cristianas, que pudiera servir, aunque con matices distintos, para la buena relación entre las distintas teologías y modos de vida dentro de la propia Iglesia. Dice el Concilio: “La Iglesia católica nada rechaza de lo que en estas religiones hay de verdadero y santo. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas, que, aunque discrepan en muchos puntos de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres”. Aquí se afirma que hay doctrinas y modos de vivir que discrepan en muchos puntos de las doctrinas y modos de obrar de la Iglesia católica, pero que, a pesar de la discrepancia, cada uno de estos modos puede reflejar destellos de la única Verdad, que es Dios. Si la única Verdad puede expresarse y vivirse de muchos modos, algunos discrepantes, tiene que ser porque esos modos nunca agotan la insondable riqueza de la Verdad. Los modos católicos tampoco agotan esa insondable riqueza, pues si la agotasen no podría haber otros discrepantes que también la reflejasen. A lo sumo, los otros modos serían confluyentes o la reflejarían en grado menor, no desde la discrepancia.

Los problemas empiezan cuando intentamos concretar los grandes principios. Habrá que analizar cada caso. ¿Es discrepante el concepto de Dios en el cristianismo y el Islam?; ¿y los conceptos de Dios como personal e impersonal? ¿En ambos casos hay un reflejo de la única Verdad? La insistencia en la unicidad de Dios no es contradictoria con la afirmación de la trinidad de personas, y si se entiende que Dios no puede ser persona como lo somos nosotros, decir que Dios es “impersonal” puede tener su parte de verdad. Más problemático resulta entrar en el terreno de la moral, aunque la moral siempre sea segunda con relación a la fe. Por poner un ejemplo delicado: ¿podemos considerar el matrimonio polígamo como un reflejo del amor divino y una buena manera de vivir el amor humano? ¿O habría que calificar la poligamia de “no natural” y aplicar el principio de que sólo “lo natural” puede ser reflejo de Dios? He utilizado comillas porque sospecho que el concepto de “natural” es otro de los motivos de discrepancia.

En cualquier caso, eso que se afirma sobre las otras religiones no puede aplicarse sin más dentro de la Iglesia. Los casos son distintos, porque en el primero cada religión conserva su identidad, y en el segundo (diferencias en el modo católico de entender y vivir) está en juego la unidad de la Iglesia. Las discrepancias que conducen a la ruptura no pueden ser reflejo de un mismo modo de entender la verdad. Pero eso no quita que, dentro de la Iglesia, pueda haber distintas teologías, distintos estilos de vida, distintas liturgias que, lejos de conducir a la ruptura, son reflejo de la inagotable riqueza de la verdad cristiana. Cada una de estas teologías o estilos de vida insisten en un aspecto del Evangelio. A veces lo hacen de forma parcial, pero en lo que tienen de bueno deben ser aceptadas. Y, en todo caso, el diálogo entre ellas debe comenzar por buscar los puntos buenos y concordantes para así situar más positivamente las diferencias.

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