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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

9
Dic
2010

Cuerpo y alma

8 comentarios

Todavía se escucha en boca de predicadores y catequistas un discurso dualista que supone que algo de tipo espiritual, distinto del cuerpo, llamado alma, es lo que constituye esencialmente a la persona, porque, por una parte, esta realidad llamada alma puede existir independiente del cuerpo (y así ocurriría supuestamente en el lapso de tiempo que hay entre la muerte y la resurrección del cuerpo) y, por otra, cada alma habría sido creada directamente por Dios. No habría entonces ningún problema en aceptar que el cuerpo fuera el resultado de la evolución desde del mundo animal. Al respecto conviene dejar claras algunas cosas:

1) la persona no es una entidad física a la que se le ha añadido un alma, una mente o un espíritu, sino una unidad psicosomática dotada de facultades físicas, mentales y espirituales; lo físico y lo mental son dos modalidades del mismo evento psicosomático;
2) por tanto, “cuerpo” no es algo distinto y menos opuesto a “alma”, sino una dimensión del ser humano que le permite relacionarse con el mundo y con los otros seres humanos;
3) hay una permanencia del mismo yo humano a través de los sucesivos cambios físico-químico-biológicos de la materia corporal;
4) el hombre goza de una dignidad superior a toda otra realidad mundana, pues tiene capacidad de sostener un diálogo con Dios. En este sentido se puede decir que tiene un algo, un “alma” que lo hace distinto del resto de las criaturas;
5) en la creación del ser humano la intervención de Dios no hay que plantearla como si Dios interviniera en algún momento de forma más especial que en otros; el ser humano es resultado de la evolución en todas las dimensiones físicas y mentales de su ser;
6) los padres son, en cada nacimiento, los mediadores y transmisores de la “imagen de Dios” en cada ser humano;
7) según la fe católica, con la aparición del hombre aparece un ser que tiene una especial relación con Dios, un ser que se sitúa de forma distinta a todos los otros seres en relación a Dios, una única criatura a la que Dios ama por sí misma. Y esto es una novedad radical que ningún estadio evolutivo justifica. Es un acto gratuito que se sitúa en un plano distinto al de la biología o la evolución. Y además determina todo el ser del hombre, otorgándole una dimensión divina, aunque no sea analizable científicamente.

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1
JM Valderas
9 de Diciembre de 2010 a las 14:37

Querido Martín, confieso que tu texto me ha dejado completamente desconcertado. Admito que no puede uno andarse con matices en tan poco espacio. He levantado la mirada a la estantería de enfrente, literalmente, donde descansan libros sobre la cuestión, desde el Peri psichè de Aristóteles hasta el The Evolution of the Soul de Richard Swinburne, pasando por los comentarios al primero de Avicena y Tomás, más los textos de Pico y otros humanistas, o los resúmenes históricos del Psyche and Soma (Oxford, 1999)o Per una storia sdel concetto di mente (a cura di Eugenio Canone, 2005). No te abrumaré con los textos científicos de Changeux y otros materialistas en sus interpretaciones. De inmediato me ha venido a la memoria lo que decía Crick sobre el claustrum y sus esfuerzos por desentrañar la sede de la conciencia, una suerte de esfuerzo hodierno de la glándula pineal de Descartes. Permíteme la autocita, escribí un post recientemente sobre las investigaciones que ponían sordina a la propuesta de Crick. Y de pronto me encuentro con tu texto. Deberé releerlo para entenderlo mejor. Procuraré poner en orden mis ideas antes sobre lo que entendí de lo que dijo Juan Pablo II en torno a la cuestión en la Academia Pontificia de Ciencias, a propósito de la evolución. Quizás entonces sea el momento para escribir lo que realmente pienso de tu exposició. Vaya por delante un abrazo

2
Andrés
9 de Diciembre de 2010 a las 16:40

"el ser humano es resultado de la evolución en todas las dimensiones físicas y mentales de su ser;"

Creo que esta afirmación crea confusión, no sólo desde el punto de vista teológico, sino desde el científico, porque se está afirmando la "evolución de la mente", y uno puede preguntarse ¿qué es la mente? ¿a qué se refiere con su evolución? ¿se afirma pues que la evolución es razón suficiente del ser humano?

Como no soy físico dejo un enlace del doctor en física Manuel Carreira sobre este punto, creo que puede ser muy esclarecedor:

http://www.uca.edu.sv/facultad/chn/c1170/carreira1.pdf

Creo que para discutir cualquier tema debe establecerse el paso previo necesario de definir bien los conceptos, sino podemos caer en juegos de palabras que generan más confusión que luz.

Ruego encarecidamente que se le eche un vistazo al enlace que pongo, creo que puede resultar muy útil.

Gracias.

3
Martín Gelabert
9 de Diciembre de 2010 a las 17:01

No pretendía suscitar un debate sobre el cómo, el cuándo y el porqué de la evolución. Y mucho menos entrar en cuestiones científicas que dejo a los más entendidos. Pero sí que quiero matizar mi postura sobre el origen de la vida humana. He escrito y mantengo que no se puede explicar la conciencia como resultado del proceso de la sola materia. La conciencia, que pertenece a lo empíricamente inverificable, no puede ser resultado de un proceso meramente material. Sin duda el cerebro hace posible la mente humana, pero la sola estructura cerebral, la sola biología no explica una mente cuyas propiedades van más alla del necesario soporte que la hace posible. Por otra parte, la libertad rompe todos los esquemas de un proceso controlable por la experiencia empírica.

4
Bernardo
9 de Diciembre de 2010 a las 17:29

Claro que aún lastramos una visión dualista del ser humano que está sancionada en la dogmática católica, al menos en la vulgarización que se hace de la misma, pero que en modo alguno se encuentra en la base semita, ni tampoco en los inicios del cristianismo, donde la visión del hombre está unificada. Habría mucho que decir sobre el concepto de alma entre los griegos. Lo que hoy entendemos por alma, poco tiene que ver con la tradición del concepto.
El hombre es un todo socio-biológico e histórico, con capacidad para pensarse a sí mismo y proyectarse en el futuro. También se expresó esto como memoria, entendimiento y voluntad.
Parece que la neurología actual nos conduce a la identificación neuronal de los procesos que se atribuyen tradicionalmente al alma, pero no nos pillemos los dedos en algo que está en investigación, lo que sí podemos afirmar es que no existe ninguna intervención mágica que haga al ser humano.

5
Andrés
9 de Diciembre de 2010 a las 18:04

Muchísimas gracias Martín por tu matización. Ahora si puedo entender tu post con mayor claridad.

Sin más, de acuerdo totalmente contigo.

Gracias y un abrazo.

6
Isabel
9 de Diciembre de 2010 a las 23:19

Querido Martin.No he podido menos de sonreir al leer la que te han armado con tu artículo"Cuerpo y alma".Antes de leer los comentarios,en mi ignorancia supina,estaba agradecida y contenta por tu artículo que me ha venido y,me sigue viniendo como bálsamo al dolor de la circunstancia por la que estoy pasando.Se me está muriendo mi hermano José Ignacio,es el pequeño de los cuatro hermanos que somos,le llevo once años...y como te digo,me estaba recreando al leer tu post.¡Cuerpo y alma¡qué bueno¡cómo me alivia tu profundidad en el tema,tu esclarecimiento en lo posible en el gran misterio de cuerpo y alma¡.Iba a decírtelo cuando antes,he querido leer los comentarios.Si me lo permites,saco de ello en conclusión,pienso que,es todo ello mas sencillo,que es aceptar las enseñanzas esclarecedoras de los que,como tu,os dedicais a profundizar con el estudio el misterio desde la fe y la inteligencia que se os ha otorgado por el Espíritu...
Gracias,querido Martin.
Un fuerte abrazo.

7
Desiderio
11 de Diciembre de 2010 a las 12:27

Yo creo que esa concepción dualista del ser humano es un herencia clara de nuestro antepasado griego, apoyado por el pensamiento cristiano antiguo y medieval. ¿No será más adecuado pensar, como dices, qué el ser humano es esa unidad psicosomática dotada de diversas facultades? Yo entiendo que lo que somos cada uno, incluyendo todas y cada una de nuestras facultades, simplemente brota de nuestro ser seres humanos: cada uno de nosotros somos aquello que nos subyace, y que se manifiesta en este mundo a través de nuestra corporalidad, nuestra psicología, nuestra espiritualidad,... Y efectivamente, si somos como somos es porque así nos podemos relacionar con el mundo y con el mismo Dios. Y se me ocurre esta reflexión. Supongo que si viviéramos en un mundo de otro tipo, nuestra relación con ese mundo sería distinta, tendríamos otro cuerpo u otro elemento relacional. ¿No se referirá a esto al doctrina católica cuando habla de resurrección de los cuerpos? A lo mejor a lo que se refiere es a que tendremos, manteniendo nuestra singularidad e individualidad, algo así como un cuerpo nuevo, diferente, que no sería más que una forma de relacionarnos con lo demás sin perder esa individualidad de cada uno, y que a lo mejor no necesariamente tiene que ser lo que llamamos alma.

8
signo de este tiempo
11 de Diciembre de 2010 a las 15:41

Como refieres, Martín, en tu magnífica introducción de Tomás d'Aquino, mestre d'espiritualitat, M.D. Chenu, en referencia a Santo Tomás afirma que contra todos los espiritualismos, el ser total de la persona; contra todos los individualismos, el ser social; contra la huida del mundo, el hombre señor del mundo. La teología de la encarnación contra todos los falsos dualismos ( alma-cuerpo; espíritu materia; naturaleza-gracia; temporal-espiritual ). El ser humano va hacia Dios, realizándose en el mundo, en la totalidad de su ser.. A través de una serie de acontecimientos, Dios mismo ha entrado en la historia, de manera que es imposible pensar un cristianismo fuera de la historia. El cristianismo no es una doctrina, es una economía.( original en catalán )

Chenú nos recuerda la importancia de estar atentos a los signos de los tiempos. Hoy nos encontramos ante descubrimientos desde´el campo de la ciencia (astronomía física, biología ) , y deberíamos decir de la teología, que demanda apertura de mente de nuestro ser total en nuestro acercamiento al mensaje evangélico para transmitirlo hoy, con lenguaje de hoy. Como Tomás y Chenú lo hicieron en su momento.
Como tú hoy. Mil gracias Martín Gelabert, signo de este tiempo.

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