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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

24
Dic
2017

Cuento de Navidad

1 comentarios
cuentonavidad

El cuento es de un dominico alemán del siglo XIV, el Maestro Ekchart. Dice este místico renano en su Sermón XXII:

“La máxima merced que Dios le hizo jamás al hombre fue el hecho de que se hiciera hombre. Quiero relataros un cuento que viene perfectamente al caso:

Había un marido rico y una mujer rica. Luego, la mujer tuvo un accidente de modo que perdió un ojo; por eso se puso muy triste. Entonces, el marido la vino a ver y dijo: ‘Mujer, ¿por qué estáis tan triste? No debéis entristeceros por haber perdido vuestro ojo’. Ella contesto: ‘Señor, no me entristece el hecho de haber perdido mi ojo, me entristece más bien porque me parece que por ello me amaréis menos’. Entonces dijo él: ‘Mujer, yo os amo’. Al poco tiempo, él mismo se vació un ojo y fue a ver a la mujer y dijo: ‘Mujer, para que creáis ahora que os amo, me he igualado a vos, ya no tengo sino un solo ojo’.

Lo mismo sucede con el ser humano: apenas podía creer lo mucho que lo amaba Dios hasta que Dios mismo al fin se vació un ojo y adaptó la naturaleza humana. Esto es lo que significa: ‘Se hizo carne’ (Jn 1,14). Nuestra Señora dijo: ‘¿Cómo podrá ser esto?’. Entonces dijo el ángel: ‘El Espíritu Santo descenderá sobre ti’ desde el trono altísimo, desde el Padre de la luz eterna”.

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Saúl Santiseban Serra
20 de julio de 2019 a las 02:42

Gracias por el cuento ofrecido, hno. Martín. Yo no he sabido de nadie que haya hecho algo así por quien ama, sin embargo, he reconocido esfuerzos grandes de amor entre mis semejantes. Más en lo tocante a Jesucristo, en el trato de amor mutuo de El hacia mí y mío por El, por los límites de mi inteligencia y mi pecado, como expresaba el Aquinate, según explica Ud. que son estos "los dos obstáculos que oscurecen nuestra vida", con el paso del tiempo y tras el efecto del racionalismo, habían hecho en mi obviar la experiencia entrañable del afecto Suyo, de Nuestro Señor, hacia mi, pero este cuento ha encendido otra vez esa "Vela", del reconocimiento de la guía y abrigo. ...Yo perdí mi ojo izquierdo en 1982, aunque debo expresar que es al lado de Jesucristo cuando más alegre había sido al vivir.

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