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Martín Gelabert Ballester, OP

de Martín Gelabert Ballester, OP
Sobre el autor

19
Dic
2009

Brillo de humanidad

5 comentarios

Se dice que la cara es el espejo del alma. El libro del Eclesiastés se expresa así: “el corazón del hombre hace cambiar su rostro, sea para el bien, sea para el mal. Un rostro alegre revela un buen corazón” (13,25-26). El rostro es el espejo del corazón. En el rostro de cada persona se leen sus mejores y sus peores sentimientos, el dolor y la alegría, la bondad y la severidad. A veces me pregunto el motivo por el que los terroristas ocultan su rostro. Quizás para que no se vea el horror que hay su cara. A algunas mujeres les obligan a tapar su cara. ¿Acaso quienes les obligan temen ver en su cara la denuncia de su propia maldad?

Hay un chiste judío, inocente y espantoso, que circulaba por Varsovia en 1940. Un militar alemán que patrulla el guetto de Varsovia detiene a un niño judío por hacer contrabando. El alemán apunta con la pistola a la cara del niño, pero anuncia que le perdonará si adivina cuál es su ojo de cristal. “El izquierdo”, responde el niño judío. “¿Cómo lo has adivinado?” “Porque en ese ojo hay un brillo de humanidad”. ¡Lo humano del rostro del alemán reflejaba inhumanidad!

En la cara de la gente con la que nos encontramos y en nuestro propio rostro es posible detectar brillos de humanidad y de inhumanidad. Rostro de un niño hambriento y cara oculta del terrorista. Cara amable del que dedica su tiempo y su vida a trabajar a favor de los necesitados y cara prepotente del poderoso y del rico. Cara gastada y bondadosa del anciano y cara gastada y pérdida por drogas, alcohol o sexo. Ojos tristes pero esperanzados del que baja de una patera y ojos ambiciosos de tanto político corrupto. Cara cansada, pero pacífica y hermosa de la madre saharaui y cara malhumorada de represores e inquisidores.

En este mundo es posible aparentar y engañar. Hay quien tiene la habilidad de hacer decir a su rostro lo contrario de lo que el corazón piensa y quiere. En el momento decisivo de la vida, ese momento en el que seremos juzgamos por el amor, no hará falta ninguna pregunta. La cara nos delatará. Yo creo que también ahora nos delata. Debe ser por eso que san Pablo dice que los cristianos deben ir con la cara descubierta, para que se vea bien lo que en ella se refleja: el rostro de Cristo.

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1
Catalina
19 de Diciembre de 2009 a las 12:02

A veces no se trata de engañar. Me encuentro con gente que por dentro sufre o esta triste y sin embargo su cara refleja alegria y paz. No se trata de un engaño, simplemente no encuentra a nadie dispuesto a ayudarla, porque tiene cosas mas importantes, y esas personas ya pasan de dar lastima y simplemente ni siquiera expresan denuncia. Incluso ocurre lo contrario, personas cuya cara expresan odio rencor y si indagas un poco ves que simplemente no pueden con tanto como estan sufriendo en la soledad
Por eso nosotros hemos de intentar ir mas alla de las apariencias, al fondo de la persona.

2
maría
20 de Diciembre de 2009 a las 11:06

Yo creo que las apariencia NO engañan. Se engaña uno mismo cuando quiere aparentar. Porque, como bien dice el texto -que es fabuloso-, el rostro, la mirada, los delata

3
humanidad cristalina
20 de Diciembre de 2009 a las 11:10

El ojo de cristal, transparencia mineral, refleja la inocente humanidad del niño judío. Reflejo de tanta inocencia vulnerada. Más nos valiera que todo nazismo y dogmatismo llevara ambos ojos de cristal en cuya transparencia el resto de la humanidad pudiera ver-se y mirar-se. El ojo con el que me ves es aquel con el que te miro, nos recuerda un místico sufi.

Estos días nos recuerdan la necesidad de encarnar día a día nuestra humanidad en Aquel que nos recuerda que "Quien me ha visto, ha visto al Padre"
Que aprendamos a mirar y ver, más allá de velos y cristales. Transparentándo-nos. Saludos cordiales

4
José Luis Jiménez
21 de Diciembre de 2009 a las 01:15

Es cierto, aparentar y engañar es propio de la vida humana, así como es cierta nuestra bondad y misericordia en otros momentos. Somos esta ambivalencia, o mejor dicho, fecuentemente nos comportamos de esta forma. Por ello, aunque es cierto que en numerosas personas se verifica "la cara es el espejo del alma", con otras personas nos equivocamos, y esto muy fecuentemente. Ejemplo 1: nos confiamos a una ser humano, le abrimos nuestro "habitat", y al final, pasado el tiempo, el desengaño es monumental, cuando no causa de sufrimientos. Ejemplo 2: me predispongo negativamente hacia una persona cuando me la presentan, en los primeros momentos, y pasado el tiempo conozco la realidad: me he equivocado, este hombre o esta mujer es francamente formidable, e incluso ejemplo para mí en determinado aspecto, en el cual voy "cojo" por esta nuestra vida de ahora.

Consecuencia. Es verdad, "al final de la vida seremos juzgados en el amor". Sólo decir estas palabras en voz alta producen paz y quietud. "Juicio de amor". La caras, las almas, el espíritu de las personas son el campo de acción del cristiano. Nuestra "visión", desde la fe, debe abarcar en profundidad todo esto. Este nuestro campo de acción es verdad que es sumamente grande, grandioso, pero ello es natural no somos cualquier cosa, somos hijos de Dios. La gracia viene en nuestra ayuda.

5
azucena
27 de Diciembre de 2009 a las 22:46

¿Nos delata la cara? O nos delata la palabra? Yo creo que ambas por igual, por eso yo ante una situación que deseo ocultar opto por el silencio, aunque bien es cierto que la mirada nunca permanece en silencio.
Y por supuesto mi alma JAMAS permanece en silencio para Dios, Él no necesita ver mi cara para conocerme mejor que yo misma.

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