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Martín Gelabert Ballester, OP
Martín Gelabert Ballester, nacido en Manacor (Baleares) el 6 de septiembre de 1948. Religioso de la Orden de Predicadores. Cursó sus estudios de filosofía y teología en Valencia, Barcelona y Friburgo (Suiza), en cuya Universidad se doctoró en teología.
Catedrático de la Facultad de Teología de Valencia, en donde enseña Teología Fundamental y Antropología Teológica. Ha sido Decano de esta Facultad durante dos trienios (1995-1998; 2001-2004).
A finales del 2004 el Superior General de su Orden le confirió el título de Maestro en Sagrada Teología. Y en marzo de 2005 ingresó como académico numerario en la Real Academia de Doctores de España.
Tiene publicados numerosos artículos en distintas revistas teológicas, así como 20 libros, algunos traducidos a otros idiomas. Los tres últimos: La astuta serpiente. Origen y transmisión del pecado, Verbo Divino, Estella, 2008, 160 págs; Seguir a Jesús para encontrar la vida, San Pablo, Madrid, 2009, 133 págs; La revelación, acontecimiento fundamental, contextual y creíble, San Esteban-Edibesa, Salamanca-Madrid, 2009, 282 pp.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
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Me escribe un exalumno seglar de la Facultad de Teología, que vive de su trabajo, y me dice: “no sería mal tema que en su blog comentara la subida de impuestos del Gobierno, cosa que yo comparto; porque será dinero para cubrir necesidades de los pobres y menos favorecidos de España, y así endeudar menos al Estado”. Luego se refiere a “la incoherencia de la bajada de impuestos que ofreció la Sra. Merkel (demócrata cristiana) en su campaña y que ahora dice que se aplazará hasta el 2011”.
Supongo que no todos los lectores compartirán el acuerdo de mi corresponsal ante la subida de impuestos. Es posible que algunos argumenten que, como siempre, serán las clases más desfavorecidas las que pagarán la subida. ¿O acaso el IVA, el impuesto indirecto más sustancioso, lo van a pagar solo los ricos? Por otra parte, la subida fiscal sobre las rentas de capital perjudica más a los pequeños y medianos ahorradores que a los verdaderamente ricos, porque estos disponen de instrumentos fiscales, perfectamente legales, para que sus grandes capitales se ahorren los impuestos. El pasado domingo no recuerdo qué periódico, en sus páginas económicas, informaba de la existencia de algo llamado SICAV. Se trata de Sociedades Anónimas, que gozan de ventajas fiscales y tributan al 1% en el impuesto sobre sociedades. Lo más interesante es que su capital mínimo es de 2.400.000 euros. Por cierto, también algunas entidades eclesiásticas tienen su SICAV.
Más allá del acuerdo o desacuerdo con la subida de impuestos, lo que sí me parece digno de elogio es la intención de fondo que anima a mi antiguo alumno: ayudar a los pobres y menos favorecidos. Cuando se tienen claros los objetivos ocurren dos cosas: una, que se buscan medios para alcanzarlos (ya decía Nietzsche que cuando se tiene claro el qué siempre se encuentra un cómo); y dos, que cuando uno se equivoca en los medios, no tiene ningún problema en rectificar. Me gustaría que nuestro Gobierno tuviera el objetivo claro.
lunes, 28 de septiembre de 2009
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Una confusión que, a veces, ocurre es la de reducir el ministerio al ministerio episcopal o sacerdotal. En el Pueblo de Dios hay muchos ministerios y todos son necesarios. Y muchos son propios de los laicos. En la Iglesia primitiva y en algunas comunidades cristianas actuales (sobre todo en África y Latinoamérica, pero cada vez más en Europa) tenía y tiene particular importancia el catequista laico. Pero hay otros ministerios: animadores de la oración y del canto, cristianos consagrados al servicio de la Palabra de Dios o a la asistencia a los hermanos necesitados, jefes de pequeñas comunidades, responsables de movimientos apostólicos. Hoy está apareciendo otro ministerio laico que cada vez tendrá más importancia: la/el teólogo laico. Muchos laica/os son buenos teólogos y buenos profesores en Facultades de Teología. La importancia que hoy tiene en España y en el resto del mundo el profesor de religión en colegios y escuelas podría considerarse una prolongación de la labor teológica y catequética, una tarea que requiere especialización y que, en general, desempeñan la/os laicos.
El apostolado de los laicos no es una derivación, sustitución, o delegación del apostolado de los clérigos. Los laicos no son “colaboradores” ni del párroco ni del obispo. Somos colaboradores los unos de los otros. El apostolado de los laicos deriva del envío de Cristo y de la participación en el único sacerdocio de Cristo. No es delegación episcopal. Cosa distinta es que la Iglesia necesita una cierta organización y alguien tenga que ser el organizador. Pero el organizador tiene que escuchar real y seriamente a todos los sujetos responsables por derecho propio de la evangelización y de la vida de la Iglesia. La misión de los laicos brota de su bautismo, de su ser de Cristo. Es un derecho y un deber propio. Hay parroquias que no están preparadas para integrar el apostolado de los laicos. Incluso se tiene miedo a las laica/os competentes. En este mundo cada día más secularizado, es muy importante que cuando los no cristianos piensen en la Iglesia la identifiquen con los laicos y no solo con los curas.
viernes, 25 de septiembre de 2009
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Me han preguntado mi opinión sobre la teoría del “diseño inteligente”, esa versión en términos modernos de un Dios que crea a través de la evolución, conduciendo de forma deliberada los acontecimientos al fin previsto y propuesto de antemano. No acaba de convencerme esta teoría, porque hay demasiados ejemplos que conducen a pensar que la evolución no ha dado los resultados que serían esperables de un diseñador tan inteligente. Pongo un ejemplo provocativo: uno de cada cinco embarazos termina en un aborto natural. A nadie se le ocurría culpar a Dios de ser el mayor abortista de la historia.
El papel de Dios en la creación no hay que concebirlo como si fuera un ingeniero que sigue un plan para conseguir un determinado resultado. Más bien se parece a un artista que sabe aprovechar la aleatoriedad de los acontecimientos y las circunstancias imprevistas para diseñar una obra de arte. Quizás conozcan el cuento de este rey que tenia un gran diamante de belleza incomparable. Un día ese diamante cayó al suelo y apareció una grieta en la mitad de la joya. Entonces el rey convocó a los mejores joyeros del reino para que devolvieran a la piedra su belleza original. Sin resultado. Solo conseguían estropearla más. Hasta que llegó un anciano joyero que, con paciencia y delicadeza, dibujo una rosa en el diamante e hizo de la grieta el tallo de la rosa, de modo que el diamante apareció más bello que antes.
Dios no manipula la naturaleza. Así como respeta la libertad humana, también respeta las fuerzas del azar, de la imprevisión y de la contingencia, que serían el equivalente natural de la libertad. Dios es un artista que sabe aprovechar las oportunidades que le ofrecen los materiales encontrados. El autor de una obra de arte, para conseguir lo que realmente pretende, ha de renunciar en algún momento a dirigir según sus deseos previos el desarrollo de la misma y atender más bien a como va desarrollando la obra su plena identidad. Por esta razón cada persona es única, una obra de arte. No somos productos fabricados en serie. Dios no obra en contra de la naturaleza, sino a través de la naturaleza. En la esencia misma de la naturaleza está Dios. Naturaleza y Dios no son ajenos el uno al otro.
miércoles, 23 de septiembre de 2009
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A final de julio escribí un post solidarizándome con los dominicos Centroamericanos y, en concreto, con aquellos que sufren en Honduras. Una de las respuestas al post indicaba lo que para mi era y sigue siendo obvio: que no todos los ciudadanos ven las cosas desde la misma perspectiva y que, desgraciadamente, las legítimas opciones políticas e ideológicas condicionan las tomas de posición creyente. Digo desgraciadamente porque tengo la triste impresión de que hay una mayor influencia de la política en la religión que de la religión en la política. Pero más allá de las ideologías están los hechos. Y cuando uno de esos hechos es el sufrimiento de la gente sencilla, mas aún, de la gente pobre, entonces todo lo demás debería pasar a segundo plano.
Ni Zelaya ni Micheletti (y lo que ellos representan) son opciones políticas de mi agrado. Posiblemente en los países de la Unión Europea serían opciones marginales. Pero en esos pueblos pobres de América (y de otros continentes) eso es lo que hay: democracias muy frágiles, con pocas garantías, y búsqueda del poder a toda costa, sin respetar las más mínimas apariencias de decencia. Y mientras tanto el pueblo sufre. No creo que a Zelaya ni a Micheletti les importe demasiado. Uno y otro son los culpables de las acciones preventivas que actualmente se llevan a cabo en forma de detenciones, malos tratos y ataques a organizaciones e instituciones sindicales, campesinas, feministas y de derechos humanos. Sé de buena tinta que un estadio de futbol de Tegucigalpa se ha convertido en prisión y lugar de torturas. Esto ya estaba inventado: después del golpe militar ocurrió lo mismo en un estadio de Santiago de Chile.
Entiendo perfectamente que entre los cristianos haya distintas posturas políticas. Pero en estos momentos lo importante, y lo que debemos apoyar, no es recuperar o mantener el poder, que es algo así como recuperar o mantener la corrupción, sino buscar cauces de entendimiento entre todos, de ayuda y de solidaridad para los que sufren.
martes, 22 de septiembre de 2009
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A veces tengo la impresión de que algunas personas religiosas no se acaban de enterar de lo que dice la liturgia, en definitiva, del contenido de las palabras con las que rezan. Quizás sea porque se lee mal, quizás porque no se sabe escuchar, quizás porque se piensa que las palabras litúrgicas no importan, porque lo que importa es el supuesto o real espíritu del orante. Lo digo ante la sorpresa que me ha causado el asombro de una religiosa cuando le he hecho notar lo que dice uno de los prefacios de la Eucaristía, a saber, que “Dios no necesita de nuestra alabanza, ni nuestras bendiciones le enriquecen”, sino que más bien todo eso “nos sirve a nosotros de salvación”.
En claro: la oración a quien le hace bien no es a Dios, sino a nosotros. Dios no necesita que le expongamos nuestras necesidades, se las sabe mejor que nosotros mismos; no necesita de nuestro incienso o de nuestras alabanzas, vive perfectamente feliz sin ellas; no necesita de ningún acto reparador, está perfectamente sano. Somos nosotros los que necesitamos caer en la cuenta de lo que mucho que necesitamos de Dios. Aunque, desde otro punto de vista, Dios necesita de nuestra oración cuando esta es expresión de amor desinteresado y gratuito, porque los amantes (y Dios es el mejor de los amantes, el Amor de los amores) están a gusto escuchando al amado. La oración se convierte así en expresión de amistad, en coloquio de amor.
Tenemos que cambiar esa mentalidad mercantil con la que pensamos a Dios. Con él no hay ningún negocio que hacer: no le damos para que nos dé. Porque lo que le damos no vale nada ni para nada lo necesita. Es él quién nos está dando permanentemente la vida y todo lo que la vida conlleva. Nuestra tarea no es devolverle nada, sino darnos cuenta de su bondad y cantar un alegre himno de agradecimiento. Una vez más: este agradecimiento redunda en beneficio nuestro. Porque saber que el otro te cuida y te ama, te hace vivir de otra manera, con una mejor calidad de vida.
sábado, 19 de septiembre de 2009
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Dato muy reciente de una agencia de la ONU: por primera vez en la historia el número de personas que pasa hambre en el mundo ha superado los 1.000 millones. Al mismo tiempo, las ayudas humanitarias, debido a la crisis, han caído a niveles de hace 20 años. Cuesta creerlo, pero leo que con menos del 1% de lo que los países ricos han gastado para salvar el sistema financiero, se podría solucionar la hambruna; y con una mínima parte de lo que los gobiernos gastan en armas de guerra se podrían cultivar inmensas zonas destinadas a producir alimentos para los pobres. ¡A ver si se enteran los mandamases, y corren en ayuda de Guatemala! Y de tantos otros sitios. Aunque lo veo difícil, ya que para ayudar a los pobres hay que hacerse previamente pobre. Pues sólo el semejante reconoce y comprende al semejante.
Se oyen tambores que anuncian dos manifestaciones, precisamente el mismo día 17 octubre: una con el lema “pobreza cero” y otra contra la nueva ley sobre el aborto. No sé si los promotores de esta última manifestación (publicitada por medios episcopales) fueron conscientes de que el 17 de octubre era el día internacional para la erradicación de la pobreza. Sea como sea, resultaría esperanzador que los de una manifestación se uniesen a los de la otra, con un único lema a favor de la dignidad humana. Ya sé que lo que digo es un sueño, pero ¡soñemos imposibles para hacerlos realidad! En todo caso la vida de los más de mil millones de seres humanos que padecen hambre es tan valiosa y digna que bien merece todos los apoyos. Los cristianos somos más creíbles cuando no seleccionamos nuestros apoyos.
Me parece que no hay duda: las causas del hambre en el mundo son históricas y tienen solución. Falta voluntad política. ¡Ah!, y eso que dice Jesús de que pobres siempre los tendremos es una triste constatación hecha desde el conocimiento del corazón humano, que no nos exime de ninguna responsabilidad. Al contrario, nos estimula a ser su mano repartidora de pan y promotora de Vida.
jueves, 17 de septiembre de 2009
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I.D.I. es un boletín de Informaciones Dominicanas Internacionales, que se puede encontrar en internet, aunque hay que buscarlo un poco. En el último número, el 473, se entrevista a un dominico que desde Hong Kong viajaba a China para encontrarse con cristianos. Lo importante, dice, no era predicar, cosa además complicada por el control que ejerce el gobierno. Lo importante era acompañar, estar con ellos. En este contexto cuenta el encuentro con un “obispo viejito”, en una zona muy pobre, acompañado por un oficial del “Oficio religioso de China”. Tuvo oportunidad de comer con el obispo, el oficial, dos sacerdotes, una hermana y algunos cristianos. En el centro de la mesa había un típico pan chino. En un momento dado el “viejito con la manos sucias” le ofreció un trozo de este pan y se lo cambió por el que tenía el dominico, dando como razón que el trozo que le ofrecía era mejor. Los comensales regañaron al obispo, porque todo el pan era igual. Pero ante la insistencia y la mirada del obispo, el dominico comprendió, tomó el pan y respondió: “Tiene razón, tiene un sabor muy especial, sí, es un poco diferente del mío”. Luego, él mismo lo dio a probar a algunos de los otros comensales. ¿Qué había ocurrido ante los ojos de un policia que no se enteró de nada?
Y mientras tanto, aquí en España, hace unos números la revista Vida Nueva se preguntaba si había crecido el número de celebraciones “tradicionales” de la Misa. Pues sí, claro que ha crecido, lo que suscita la pregunta de si ha vuelto la nostalgia (algunos lo llaman lo retro) o si nunca se fue. Evidentemente la concelebración del obispo y el dominico en China no fue una Misa tridentina, de esas que gustan a los nostálgicos. Pero sí fue una Eucaristía auténtica y verdadera, parecida a la que celebraban los primeros cristianos. Porque lo que importa no es el ritual, sino los dos o tres reunidos en nombre de Jesús para compartir el amor y la fe. A veces me asalta la pregunta de si algunas celebraciones nuestras se convierten en ritos piadosos en los que no se comparte, porque ni conoces al que tienes al lado ni te importa.
lunes, 14 de septiembre de 2009
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Para Tomás de Aquino la Verdad se escribe con mayúscula, porque se identifica con Dios mismo, realidad trascendente que siempre se escapa, que nunca podemos acaparar, ni explicar del todo. Esta Verdad sólo puede ser buscada y encontrada en fragmentos, a tientas. Cierto, en Jesucristo la Verdad inefable se nos ha dado a conocer. Pero precisamente porque se ha dado a conocer en una persona que se hizo uno de nosotros, la verdad sigue siendo una búsqueda, ya que la persona siempre está por descubrir, no es posible radiografiarla plenamente. El desnudo total sólo ofrece lo más superficial de una persona. Su realidad está siempre oculta. Tampoco aquí la verdad es algo poseído. Con Dios y su enviado Jesucristo siempre estamos en búsqueda. La pretensión de poseer plenamente a Dios parte del error de confundirlo con alguna de sus manifestaciones, o con alguna de sus expresiones, sea la Biblia, el Corán o el dogma. Esta confusión conduce al fundamentalismo y a la falta de respeto por la verdad.
Pascal decía que la verdad sin la caridad es un ídolo, algo aborrecible. No es este el caso del Dios de Jesús al que Tomás de Aquino califica de Verdad primera y última. A este Dios san Juan lo identifica con el Amor. A la luz de la revelación de Jesucristo la afirmación de Dios como Verdad nunca puede conducir a la intransigencia ni al fundamentalismo. Cuando Jesús afirma de sí mismo “Yo soy la Verdad” y se presenta como el perfecto revelador del Padre, nunca se impone, siempre deja libre a las personas. La Verdad que en Jesús se revela, termina siendo crucificada. Es una Verdad que siempre está avalada por la vida. La de Jesús es la verdad en el amor.
viernes, 11 de septiembre de 2009
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San Pablo recomendaba “examinarlo todo y quedarse con lo bueno” (1Tes 5,21). El amante de la verdad no rehuye escuchar a nadie, ni deja de examinar nada. El amante de la verdad está siempre en búsqueda y se alegra de encontrar fragmentos de verdad, estén donde estén y vengan de donde vengan, fragmentos que se identifican con lo bello, lo justo, lo auténtico, lo amable. El amante de la verdad sabe que ésta le supera siempre, que es mayor que él, que no puede encerrarla en sus ideas. De ahí la necesidad de escuchar al otro, buscar conjuntamente. Cuando hay distintas opiniones o respuestas ante un problema, el amante de la verdad escucha a todas las partes, porque siempre hay algo de razón en cada una. En el momento de aceptar o rechazar una opinión, dice Tomás de Aquino, “no hay que dejarse llevar del sentimiento, es decir, del amor o del odio hacia quien la propone, sino por la certeza de la verdad. Hay que amar a uno y a otro, tanto a aquel cuya opinión aceptamos, como a aquél cuya opinión rechazamos, convencidos de que ambos se aplicaron a la búsqueda de la verdad, y en esto son colaboradores nuestros”.
Aquel cuya opinión rechazamos es ¡colaborador nuestro en la búsqueda de la verdad! ¡Y hay que estarle agradecido! ¡Sabia lección la de Tomás de Aquino! Las ciencias avanzan gracias a los errores y la teología gracias a las herejías. Por eso, condenar, prohibir determinadas publicaciones o lecturas, leer siempre lo que va en una determina dirección, negarse a escuchar a aquel del que disentimos, y no digamos irritarse cuando alguien se muestra en desacuerdo con nosotros, todo eso no son signos de amor a la verdad, sino claras señales de cerrazón mental, de incapacidad de comprender. La herejía ha contribuido tanto como la reflexión ortodoxa al encuentro de la verdad religiosa. Los herejes han estimulado la inteligencia creyente, han ayudado a ver las dificultades de la exposición ortodoxa, a purificar lo que de incorrecto pudiera tener esta exposición, a mejorar el lenguaje, a adaptarlo a la cultura, a profundizar su sentido. De ahí que el amante de la verdad no tiene miedo a las dificultades que se presentan contra la fe, porque éstas estimulan la mente a una mejor comprensión de la misma fe.
miércoles, 09 de septiembre de 2009
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El juez de la Audiencia Nacional, Ismael Moreno, investiga el supuesto genocidio cometido por el Gobierno chino en el Tibet durante los años ochenta y noventa. Acabo de leer una noticia que seguramente pasará desapercibida y, bastantes de los que la perciban, es posible que la consideren un asunto menor. El PSOE y el PP pactaron el pasado 21 de mayo limitar la jurisdicción universal de la Audiencia Nacional a los casos que afecten a los intereses españoles. De modo que la investigación del juez sobre el Tibet puede quedar en papel mojado. Uno de los testigos en este juicio contra el gobierno chino ha declarado que así España “mandaría un mensaje equivocado al considerar que estos derechos (los de los ciudadanos del Tibet) no son importantes”.
Es un grave error pensar que los derechos de ciudadanos no españoles no son importantes y no nos afectan. Evidentemente, lo que ocurre con las personas cercanas nos afecta y nos importa más que lo que ocurre con los lejanos. Y es lógico que nos ocupemos y preocupemos más por ellos. Pero si tenemos ocasión de hacer algo por los lejanos y no lo hacemos, no cumplimos con nuestro deber de fraternidad evangélica, ni simplemente con la decencia humana. La Audiencia Nacional, en nombre de los españoles de bien, tiene ocasión de hacer algo por los lejanos. Intereses políticos se lo impiden. Porque la economía y la política, desgraciadamente son, en muchas ocasiones, el criterio de nuestra toma de postura ante los derechos ajenos. No solo la religión y la cultura, también la política, que es una forma de cultura y, a veces, hasta de religión, debe estar al servicio de todo el hombre y de todos los hombres. Pero la política (como también las estructuras y organizaciones religiosas) está en manos de personas, de los políticos, y no siempre los seres humanos somos conscientes de algo tan elemental como la unidad del género humano que nos hace a todos iguales, interdependientes y hermanos.
lunes, 07 de septiembre de 2009
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Hoy llaman la atención dos páginas casi seguidas de un conocido diario. En una se recuerda que todavía sigue habiendo personas que viven en situación de esclavitud, obligadas a trabajar para pagar deudas ridículas, por las que los “amos” cobran intereses de por vida a base de trabajos forzados. Y se ofrece este dato escalofriante: se calcula que en el mundo hay 218 millones de niños trabajando. Giro la página y me encuentro con la noticia de un Congreso de Teología que se celebra anualmente por estas fechas. Me quedo con esta definición del actual sistema social y económico hecha por uno de los intervinientes, el obispo Casaldáliga: La gran blasfemia de nuestro tiempo. En el Congreso se ha dicho algo que ya notó el Papa en su última encíclica: la crisis no es originariamente económica-técnica, sino un problema ético y político. Lo dicen estos señores de la asociación teológica, y como en algunos ambientes no despiertan mucha simpatía, parece que no importa lo que dicen. Pero sí importa. Y mucho. Y más aún a un cristiano.
En el mes de julio apareció la encíclica del Papa sobre tema social. Sin duda el contexto del congreso y el contexto de la encíclica son distintos y distantes. Pero eso no impide que haya una coincidencia de fondo. El Papa habla de corrupción e ilegalidad en el comportamiento de los sujetos económicos y políticos; o del aumento de las desigualdades, mientras la riqueza mundial crece en términos absolutos; o de las víctimas que produce el hambre. Al respecto recuerda la parábola del pobre Lázaro que no puede sentarse a la mesa del rico epulón. Los del congreso han recordado otra parábola: la del sacerdote y levita que pasan de largo ante el herido, mientras el samaritano misericordioso lo deja todo para atenderle. Lejos de mi pretender recuperar a ningún congreso a base de citar una encíclica. Pero lo que sí digo es que, sean cuales sean las simpatías o fobias que despierte, la cuestión allí tratada debería ocupar y preocupar a todo cristiano, tanto más cuanto que en estos tiempos son otros los temas que parecen identificar lo cristiano.
sábado, 05 de septiembre de 2009
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Reanudamos la actividad del blog tras la parada agosteña, desgraciadamente interrumpida para dar cuenta del fallecimiento del P. Fuster. Lo hago recordando dos noticias ocurridas este pasado mes que pueden tener su continuación en los próximos días. No hay relación entre ellas, pero confluyen en algo que me preocupa: la religión no está para servir a Dios (Él no necesita de ningún servicio), sino a los seres humanos. Y cuando no redunda en beneficio del ser humano es una mala religión.
La primera nos pilla un poco lejos: En Malasia, pasado el mes del Ramadán, una modelo deberá cumplir la condena de recibir seis azotes, impuesta por un tribunal islámico. ¿Motivo? Beber una cerveza en público. ¡Una cerveza! ¿Acaso lo prohíbe el Corán? ¡No, por Alá! Lo prohíbe la sharia, la tradición que interpretan los guardianes de la religión. Pasemos del caso a la categoría: ¿en nombre de qué ideología, tradición o religión se puede impedir que otros seres humanos vivan con libertad, tomen sus propias decisiones, coman y beban lo que les apetezca, o tengan que ocultar su cara o su cuerpo? La dignidad humana es el criterio de autenticidad de religiones y tradiciones. Pues bien, en nombre de Zeus, de Yahvé, de Alá, ¡abajo con los guardianes de aquellas religiones que consienten que una mujer sea azotada por beber una cerveza!
La otra noticia es más cercana: algunos Obispos han recomendado a sus sacerdotes que no den la comunión en la boca, para evitar contagios de gripe A. “Dar la comunión en la mano es más higiénico”, declaró el Vicario de la diócesis de Tarragona. La materia de los sacramentos no es divina, sino humana, expuesta a la fragilidad y debilidad de lo terreno; una materia que por muy sacramentalizada que esté, podría ser dañina. Ahí está la diferencia entre hacer magia y recibir un sacramento: con la magia el hombre pretende manipular lo divino; de ahí que ningún cambio sea tolerable en el rito. En el sacramento, Dios sale al encuentro de los que le reciben con un corazón bien dispuesto. Y como los sacramentos son para los hombres, es posible y necesario adaptarlos a la situación de lo humano. Así manifiestan su dignidad.