Tomás de Aquino iluminó su Orden y todo el cuerpo místico de la santa Iglesia, ahuyentando las tinieblas de las herejías
Sta. Catalina de Siena "El Diálogo" c. 158
Blog de: Martín Gelabert Ballester, OP

Vacaciones

sábado, 25 de julio de 2009 | Hay 7 comentarios

Me sorprendió leer en una revista en la que yo colaboro habitualmente: “Es extraño para un laico escuchar a los que están ordenados o llevan una vida consagrada hablar de vacaciones”. ¿A qué se debe tanta extrañeza? A que no “se pueden hacer vacaciones de repartir la ración a las horas”. Si lo que se quiere decir es que el “servicio divino”, pero también el servicio a los seres humanos (que bien pensado es lo mismo, aunque la realidad se puede enfocar desde distintos puntos de vista) es permanente, estoy totalmente de acuerdo. Otra cosa es que el obrero no solo merece su salario, sino su descanso. Y, aunque desgraciadamente haya muchas personas que no tienen vacaciones, bien porque carecen de medios, bien porque aprovechan esos días que legítimamente les corresponden para seguir trabajando porque van apurados de dinero; y aunque también es verdad que hay mucha gente en paro y mucha necesidad, no es menos cierto que el ritmo de la vida moderna requiere unos días de pausa precisamente para seguir entregados al servicio de Dios y de los hombres (que es lo mismo).

El descanso no solo es necesario para recuperarse físicamente. Es bueno para la vida espiritual. También Jesús necesitaba parar y descansar. Probablemente, de vez en cuando acudía a casa de unos amigos, de tres hermanos, María, Marta y Lázaro, donde debía sentirse bien acogido y cuidado. En otras ocasiones debía tomarse algún tiempo libre en compañía de sus discípulos, tiempo que aprovechaba para orar y descansar. El descanso ayuda a retomar las tareas apostólicas con renovados bríos; y también a olvidar los problemas o, al menos, a verlos con perspectiva menos dramática.

¡Ojala llegue el día que todos puedan disfrutar de trabajo y de su ocio correspondiente! En lo que a mi respecta, tengo previsto pasar veinte días de descanso en casa de mi madre. Luego atenderé algunos compromisos apostólicos y culturales, lejos de Valencia. Por estos motivos, a partir de hoy el blog queda suspendido durante un tiempo. Se reanudará hacia el 10 de septiembre. Gracias a todas y todos por haberme leído. Les espero a la vuelta.



Buscar la verdad

martes, 21 de julio de 2009 | Hay 4 comentarios

La idea de verdad suscita prevención y reservas en mucha gente, sobre todo la idea de “tener la verdad”. Porque eso significa que otros no la tienen. La verdad entonces divide y separa. Lo peor es que, en ocasiones, además de separar conduce al enfrentamiento: en nombre de la verdad se odia y se mata. Si la pretensión de poseer la verdad divide y enemista, ¿no será porque en esta pretensión hay un error de base? La verdad no es algo que se posee o se tiene. Siempre nos desborda y se nos impone. Por eso hay que buscarla y respetarla. Desde esta perspectiva, la verdad debería unirnos en su búsqueda, una búsqueda que sólo puede hacerse por amor a la verdad y, por tanto, nunca puede conducir a la imposición. Porque si la verdad se impone, no es por una fuerza exterior coactiva, sino por la fuerza de la misma verdad, que penetra suave y dulcemente en la inteligencia y el corazón de sus amantes.

Eso sí, no conviene olvidar que la búsqueda de la verdad puede resultar peligrosa. Sobre todo cuando esa verdad molesta a los que construyen sobre lo que en un post anterior llamaba “deseo de mentira”. Por eso la verdad termina siendo propia de profetas y místicos. En definitiva de gente enamorada de Dios que, por tener puesto el corazón en Dios, lo tienen ya todo ganado y, por eso, no tienen nada que perder. Cuando la búsqueda de la verdad se convierte en una acusación contra otros más que en una defensa del pobre y del necesitado, esta búsqueda se corrompe. El criterio que mide la sinceridad de la búsqueda de la verdad es preguntarse a quien beneficia esta búsqueda y qué precio está dispuesto a pagar el buscador.



Pronunciamiento de los dominicos sobre Honduras

domingo, 19 de julio de 2009 | Hay 4 comentarios

Como muchos lectores saben, en las dos últimas semanas los dominicos españoles hemos celebrado Capítulos Provinciales, reuniones legislativas y electivas, en las que nos examinamos y planificamos buscando una mayor fidelidad a Jesucristo. En Valencia se ha celebrado una de estas asambleas, en las que he tenido que participar. Eso me ha obligado a estar ocho horas diarias de reunión. En los pocos ratos libres seguía, muy por encima, la situación en Honduras. Todavía hoy la prensa se hace eco de la reunión patrocinada por el Presidente de Costa Rica, buscando un entendimiento entre las dos partes que se disputan el poder. He visto, en foros de internet, las opiniones de algunos misioneros residentes en Honduras, no siempre coincidentes. Y también supe de la intervención del Cardenal Oscar Rodríguez. Si les digo la verdad, cuando leía a unos me parecía que tenían razón, y cuando leía a otros también me parecía que tenían razón.

Pero hasta ahora no me había enterado (¡perdón hermanos por este despiste!) del pronunciamiento de los dominicos de Centroamérica. Si pinchan aquí encontrarán al final de la página tres interesantes documentos. Si prefieren entretenerse con comentarios, algunos muy poco afortunados, al texto del pronunciamiento, pueden pinchar aquí. Estos hermanos hablan desde un conocimiento cercano de la realidad y, sobre todo, desde su compromiso evangélico con los más necesitados. Por este motivo, aunque hagan alusiones a la situación política, su preocupación fundamental es otra: la vida humana y la convivencia social. “No se puede separar el juicio ético-religioso sobre el golpe de la situación general endémica de Honduras, cuya solución debería constituirse en primera prioridad, no solo para los católicos, sino para todos los hombres y mujeres de buena voluntad del país, en particular de los gobernantes”. Cuando la política es una lucha por el poder, enfrenta y divide. Cuando es un trabajo por los ciudadanos, en particular por los más necesitados, la política dignifica. Por tanto, como dicen los dominicos, el compromiso por acompañar al pueblo hondureño en esta lamentable coyuntura debe buscar sobre todo el camino para superar los problemas estructurales, que producen miseria y muerte.

Cuando conoces el rostro de los que firman el documento y de los que hay detrás de esas firmas, cuando has tratado con Alexis y Carlos, con mi compañero de estudiantado Miguel, con tantos otros como Mario y Guillermo, que en las montañas de Guatemala realizan una labor teológica y profética, y los que no puedo nombrar por falta de espacio, cuando sabes que no solo son gente sensata, sino dominicos apasionados por el anuncio de Jesucristo, cuando les has visto rezar, cuando les has escuchado, cuando les quieres, entonces lees la declaración con un profundo respeto.



Sorprendente satisfacción de Benedicto

sábado, 18 de julio de 2009 | Hay 4 comentarios

He buscado confirmar por otros medios, sin lograrlo, una noticia un tanto sorprendente que ofrece la revista Vida Nueva: Según Federico Lombardi, portavoz vaticano, Benedicto XVI ha quedado “extremadamente satisfecho” de su entrevista con Barack Obama el pasado 10 de julio porque Obama le había expresado “su compromiso personal para hacer todo lo posible para que disminuya el número de abortos en Estados Unidos”.

Me sorprendo por un doble motivo. Visto desde posiciones intransigentes (algunos dirían proféticas) resultarían comprensibles las congratulaciones del Papa si el Presidente Obama se hubiera comprometido a hacer todo lo posible para evitar todos los abortos. Pero comprometerse a reducirlos es aceptar que seguirá habiéndolos. ¿Cómo puede congratularse el Papa de un compromiso que acepta que siga habiendo abortos? Visto desde posiciones más abiertas (algunos dirían sapienciales) resulta llamativo que el Papa adopte posiciones posibilistas, algo así como “más vale algo que nada”. El Papa se congratula de que, al menos, se busque el modo de disminuir los abortos, aunque sepa perfectamente que las leyes estadounidenses seguirán posibilitándolos.

Esta posición posibilista me hace pensar que, en determinas circunstancias, es bueno buscar compromisos (alguno diría componendas) que eviten males mayores. Si en un tema tan serio como el aborto es posible buscar aproximaciones, con mucha más razón habría que buscarlas en temas menos importantes. Por ejemplo, si en vez de estar en contra de discutibles leyes educativas o de todo tipo de manipulaciones, intentásemos un diálogo con los poderes públicos, y a partir de este acercamiento lográsemos que la ley se aproximase un poquito más, aunque no en todos sus aspectos, a la moral cristiana, ¿no sería esto preferible a estar en contra y no lograr nada? El que lo quiere todo, corre el riesgo de quedarse sin nada. El que intenta comprender, el que sabe negociar, a lo mejor no logra todo lo que quiere, pero logra algo. ¿Qué es preferible, apostar por el todo y quedarse sin nada, o ceder y obtener algo?



Deseo de mentira

jueves, 16 de julio de 2009 | Hay 6 comentarios

El poder, por su propia naturaleza, tiende a ser corrupto. Claro que en eso, como en todo, hay niveles más o menos soportables de corrupción. De ahí la necesidad imperiosa de un control del poder. Aunque eso del control puede terminar resultando un círculo vicioso porque al poder político lo controlan otros poderes políticos, entre los que incluyo a los partidos de la oposición, pues la oposición forma parte del poder. Hay quien me habla de sorprendentes asuntos que pasan por alguna notaria. Me cuenta otra persona que trabaja en una Oficina de control de cuentas a qué sorprendentes partidas se apuntan algunos dineros, incluidos dineros que se entregan a instituciones eclesiásticas. Esa persona me añadía que “todos lo saben” y “todos se callan” y sólo destapan lo evidente (o sea, que no destapan nada), porque en el fondo cuando pueden “todos hacen lo mismo”. O sea, que la mentira forma parte del poder.

Del poder y de muchas relaciones sociales. Es fácil constatar que en nuestra sociedad mucha gente busca engañar y construir sobre la mentira. Una mentira deseada, buscada, querida, potenciada y aplaudida. ¿Podemos decir que hay “deseo de verdad” en la política, la economía, las relaciones entre las personas y los pueblos? Me inclino a pensar que en la mayoría de los casos no hay deseo de verdad. Hay deseo de aparentar, deseo de que el otro piense que soy mejor de lo que en realidad soy, que tengo más de lo que tengo. Porque este pensamiento, basado en la mentira, me favorece. No se trata sólo del engaño; se trata de que no se desea la verdad, porque la verdad perjudica: “¡Si supieran como soy… entonces no me votarían, no serían amigos míos, no querrían hacer negocios conmigo!” o “¡si supieran la verdad me meterían en la cárcel!”, debe pensar alguno. Para los intereses egoístas, la verdad se presenta como un obstáculo. Este deseo de mentira es un auténtico atentado contra el prójimo, un impedimento para acercarnos a él, reconciliarnos con él o vivir en el amor. El deseo de mentir manifiesta que los criterios por los que se rige la vida son utilitarios, funcionales y egoístas.



Dilemas tramposos

lunes, 13 de julio de 2009 | Hay 8 comentarios

He tenido ocasión de escuchar a profesores de teología, que también eran sacerdotes, que lo primero en su vida había sido el sacerdocio. Entiendo lo que quieren decir y lo respeto profundamente. A mí esa pregunta nunca me la han formulado, ni me la he planteado. Pero sí me han preguntado qué consideraba más importante en mi vida si el ser sacerdote o el ser religioso. A los niños se les hacen, a veces, preguntas similares: ¿a quién quieres más, a la mamá o al papá? Y ya puestos a plantear dilemas cabe preguntar: ¿dónde está Dios más presente, en el pan eucarístico o en el prójimo?

Este tipo de dilemas, que tocan aspectos fundamentales de la vida, me parecen tramposos. Porque no es posible desligar algunas realidades. Ni vivir un aspecto fundamental a costa del otro. Yo soy quién soy: corporal y psíquico, debiendo integrar en mi ser toda mi realidad, no habiendo oposición entre sus diferentes dimensiones; soy religioso, profesor de teología y sacerdote, y procuro tener bien integradas estas dimensiones, que se refuerzan la una a la otra, incluso yo diría que se necesitan; soy hijo de mi padre y de mi madre, a los que quiero de forma distinta, pero no a base de más o de menos. Y a Dios debería encontrarle en todas partes, porque para él no hay espacios sagrados y profanos. Una Eucaristía sin fraternidad no es posible; aquel que no encuentra a Jesucristo en el prójimo, nunca, digo bien nunca, le encontrará en la Eucaristía.

Plantear este tipo de dilemas es como preguntarse cuál de las Tres Personas de la Divinidad, o cual de las tres virtudes teologales (fe, esperanza y amor) es la más importante. Estas triadas son inseparables, sus componentes se implican mutuamente y cada uno comporta siempre los otros dos. Si por un imposible se pudieran separar sería al precio de su total destrucción.



No todo lo religioso es bueno

viernes, 10 de julio de 2009 | Hay 7 comentarios

Algunas de las muchas cuestiones que aparecen en la encíclica de Benedicto XVI, todas relacionadas con el desarrollo sostenible y la economía al servicio del ser humano, son representativas de su pensamiento. Por ejemplo, la mutua crítica que debe ejercer la religión sobre la razón y la razón sobre la religión. Y razón quiere decir todos los medios que hoy la ciencia y las técnicas de análisis ponen a nuestro alcance.

Uno de los fundamentos de una economía solidaria es la dimensión relacional de las personas y pueblos, porque todos formamos parte de la única familia humana. El cristianismo subraya esta dependencia, la responsabilidad de unos sobre otros, debido a la común paternidad divina. El Papa nota que no todas las religiones, ni todas las culturas, presuponen una concepción de lo humano en la que la relacionalidad sea un elemento esencial. Hay formas culturales y religiosas que no llevan al hombre a la comunión, que alejan a las personas unas de otras. En este sentido no todas las religiones, ni todas las maneras de vivir lo religioso, contribuyen al desarrollo de la persona. De ahí la necesidad de un adecuado discernimiento. Dicho discernimiento deberá basarse en el criterio de la caridad y de la verdad; caridad y verdad que conducen a la unidad y solidaridad de todos los seres humanos. De modo que el criterio para evaluar las culturas y las religiones es todo el hombre y todos los hombres.

Aparece así, desde otra perspectiva, la cuestión de la relación entre fe y razón. La una necesita de la otra. La razón sola no consigue fundar la hermandad. Más aún, puede deslizarse hacia el egoísmo cuando se pone al servicio de una economía en la que solo importa el máximo rendimiento y la cuenta de resultados. Pero la fe sola corre el riesgo de alejarse de los verdaderos problemas, de la vida concreta de las personas. La razón necesita ser purificada por la fe para no creerse omnipotente. ¿A dónde nos llevaría una razón política o económica sin control, solo buscando perpetuarse a sí misma? A su vez la religión tiene necesidad de ser purificada por la razón para mostrar su auténtico rostro humano. ¿A dónde nos llevaría una fe que, en nombre de Dios, se olvidase del ser humano; una fe en unos supuestos derechos de Dios fuera de todo control racional? ¿A dónde conducen los fundamentalismos, los itinerarios religiosos que encierran a las personas en sí mismas, las búsquedas religiosas que solo sirven para gratificar expectativas psicológicas? El criterio de la auténtica religiosidad no son las proclamaciones o las concentraciones de masas, sino el comportamiento con el necesitado.



Economía de la gratuidad

miércoles, 08 de julio de 2009 | Hay 7 comentarios

La nueva encíclica de Benedicto XVI está ya al alcance de todos. Se trata de un texto amplio, que toca bastantes temas, todos relacionados con el desarrollo integral de la persona humana. Merece una lectura reposada. El título “caridad en la verdad” es el principio rector de toda la encíclica: solo en la verdad resplandece la caridad; más aún, sin la verdad la caridad es relegada a un ámbito de relaciones reducido y privado, y deriva en sentimentalismo. Pero desde la verdad, la caridad muestra su capacidad transformadora en todos los ámbitos de la justicia social. Por poner un ejemplo: ante el escándalo de la pobreza no basta con soluciones limosneras; es necesario conocer las causas que la provocan, los múltiples rostros estructurales, económicos, políticos y militares que adopta el pecado.

En el escrito del Papa hay una idea importante, relativamente nueva, que debería incitar a todas las personas de buena voluntad a buscar modos imaginativos de concretarla en las distintas situaciones: la economía de la gratuidad. La actividad económica no puede prescindir de la lógica del don y de la gratuidad, porque sin ella ni siquiera se alcanza la justicia. Se trata de civilizar la economía, de humanizarla, de ponerla al servicio del ser humano. Atención: no se trata de renunciar al beneficio, sino de dar forma y organización a iniciativas económicas que vayan más allá de la lógica del intercambio de cosas equivalentes y del lucro como fin en sí mismo. Se trata, como ya decía Pablo VI, de promover un mundo en donde todos tengan que dar y recibir, sin que el progreso de los unos sea obstáculo para el desarrollo de los otros.

El Papa, en definitiva, pone la economía ante el espejo de la ética. Y recuerda su verdadera y única finalidad: el servicio y bienestar de la persona, de toda persona. Consciente de la relación entre economía y política, Benedicto XVI se refiere no solo a la necesaria reforma de la arquitectura económica y financiera, sino también a la urgencia de la reforma de la ONU para que se dé una concreción real al concepto de familia de naciones.



Funeral por 14 sacerdotes vascos

martes, 07 de julio de 2009 | Hay 6 comentarios

“Purificando la memoria; sirviendo a la verdad; pidiendo, ofreciendo y acogiendo el perdón, queremos mirar al pasado para aprender a construir un presente y un mañana nuevos”. Con estas palabras termina el mensaje firmado por los Obispos de la diócesis vascas, en el que invitan a un funeral que se celebrará este próximo día 11 en la Catedral de Vitoria, presidido por los cuatro Obispos firmantes, en memoria de los sacerdotes asesinados por los vencedores de la contienda española de 1936-39. La carta recuerda algo que ya sabíamos: que no solo mataron injustamente a religiosas, religiosos, sacerdotes, laicas y laicos cristianos en uno de los bandos, sino en los dos. Ciertamente, más en uno que en otro.

En mi diócesis de origen siempre he oído hablar con normalidad y hasta con simpatía, sin que los ánimos se exalten y sin decir una palabra en contra suya, del último capellán mallorquín asesinado por las tropas de Franco, Jerónimo Alomar Poquet, al que confesó momentos antes de su muerte el jesuita Guillermo Nadal, pariente cercano de Pedro, otro jesuita mallorquín ejecutado en Gandía por los del bando “republicano”.

Con normalidad es como creo que hay tratar la noticia del funeral de Vitoria. No porque el tema tratado sea normal, ya que el mal siempre es oscuro y nunca es lógico ni normal. Solo Dios y el bien son lógicos y son luz. Pero nuestros modos cristianos, cuando hablamos del mal, tienen que ser reflejo del deseo de paz que nos anima y de nuestro compromiso con el bien. En este sentido digo que debemos hablar con normalidad del funeral de Vitoria y reconocer la buena voluntad de los obispos vascos. No me parecería normal mezclar, ni en este caso ni en ninguno, política partidista con religión. Porque este es un cóctel explosivo que nunca ha conducido a nada bueno.



Evidencia contra malas razones para creer

sábado, 04 de julio de 2009 | Hay 8 comentarios

Me dicen que en un Colegio de Valencia una profesora de “Educación para la Ciudadanía” repartió entre sus alumnos de primero de Bachiller una carta de Richard Dawkins, escrita para su hija de 10 años, en la que contrapone el método científico basado en la evidencia a “tres malas razones para creer cualquier cosa: tradición, autoridad y revelación”. A la preocupada madre católica que me informa le contesto: A mi lo que me preocupa es que los profesores de religión no estén preparados para responder a este tipo de textos y de argumentos. ¿Cuántos profesores de religión católica están preparados para presentar una fe adulta, capaz de afrontar las dificultades y poderlas vencer? Por lo que yo sé los cursos formativos que les ofrecen quizás les preparan para ser buenos catequistas, pero no tanto para dialogar con la cultura y enfrentarse a los problemas.

La idea de tradición, autoridad y revelación que presenta esta carta es una caricatura de lo que la teología dice sobre estos conceptos. Y no digamos el recurrente ejemplo sobre la Asunción de María. Por no hablar del concepto de evidencia científica. Aunque tengo la sospecha de que, muchos creyentes, si leyeran lo que dice Dawkins sin conocer el mal contexto en que se utiliza, pensarían que estamos ante una buena descripción de lo que ellos piensan. ¿O no es una buena, en realidad malísima, descripción de lo que muchos piadosos católicos piensan el decir que “el Papa tiene razón solo porque es el Papa” o que “la madre de Jesús era tan especial que no murió”?

Pongo un ejemplo de una de las caricaturas que se encuentran en el texto de Dawkins. Su idea de tradición es la de una creencia muy antigua, transmitida de padres a hijos, que alguien un día inventó. Y concluye: “por muy antigua que sea una historia es igual de cierta o de falsa que cuando se inventó la idea original”. Pues claro que sí. Solo que en teología católica la tradición es otra cosa. Cierto, se trata de una transmisión. Pero de la transmisión de la fe apostólica, tras haber superado los controles oportunos que garantizan que tal rito, costumbre o doctrina deriva de los tiempos apostólicos y, nótese el matiz, puede hoy servir para vivir mejor la fe cristiana.



Las tonterías piadosas son más tontas

miércoles, 01 de julio de 2009 | Hay 6 comentarios

Entre las muchas tonterías que se escriben, dicen y hacen, las piadosas son más tontas.

Leí hace tiempo: “María creyó en el Dios de lo imposible. ¿Es que Dios puede ser distinto al Dios de lo imposible”. Como frase no está mal. Pero no hay que confundir el “no hay nada imposible para Dios” con “el Dios de lo imposible”. ¿Qué clase de Dios es ese? ¿Uno que resuelve la cuadratura del circulo? Ese Dios no existe. Ya decía Tomás de Aquino que no se trata de que Dios no pueda, sino de que hay cosas que no pueden ser hechas. ¿O cuando hablamos del Dios de lo imposible pensamos en un Dios que resucita muertos? Entonces no nos expresamos bien, porque la resurrección de los muertos es algo posible.

Dicen algunos: “Celebrar de cara a Dios, o sea, de espaldas”. El gusto estético y litúrgico es libre. Pero si se busca una justificación teológica del gusto hay que ser un poco más serios. Porque ¿dónde se supone que está Dios? ¿No decían los antiguos catecismos que está en todas partes? Está delante, detrás, a la derecha y a la izquierda; en el fondo del abismo y en lo alto del cielo. Y sobre todo está en los hermanos. Mirar a los hermanos a la cara es encontrar el rostro de Dios.

Me cuentan de una persona a la que no le parece suficiente afirmar que en la eucaristía hay una presencia sacramental de Jesús, porque la presencia sacramental le parece menor que la real. Y como en la eucaristía hay presencia real, le parece que uno está más cerca de Jesús cuando más se aproxima físicamente al sagrario. También el prójimo es una presencia sacramental de Cristo, pero apostaría que para esa persona se trata de una presencia no real.

Llegan a mi correo las declaraciones de un sacerdote exorcista que afirma que el aborto atenta contra un dogma fundamental de la fe, el de la Inmaculada Concepción. Dado que Satanás no pudo impedir el nacimiento del hijo de la Virgen Madre, se dedica “a perseguir a sus vivas imágenes, que son todas las mujeres encintas, con el fin de devorar al niño por nacer”, para impedir así que “sean súbditos del Reino de Dios”. A eso se le llama confundir la gimnasia con la magnesia, aunque aquí sería mejor usar otra forma más irreverente para indicar que es mejor evitar ciertas mezclas.