Dios mío, ¿qué será de los pecadores?
Domingo de Guzmán
Blog de: Martín Gelabert Ballester, OP

Víctima de un error y de un mal titular

lunes, 30 de noviembre de 2009 | Hay 6 comentarios

El pasado sábado los lectores de prensa “seria” se encontraron con un titular sorprendente y desafortunado: “La mirada del asesino de una niña de tres años”. En el periódico ABC, a toda página, aparecía la fotografía de un joven, cuya cara y mirada reflejaba estupor, desconcierto, tristeza, impotencia. Pero como la policía le detuvo como presunto asesino, la prensa aprovechaba para colocar titulares sensacionalistas y, en este caso, injustos. El mismo periódico de la fotografía a toda plana, al día siguiente, domingo, en un pequeño recuadro de la portada, publicaba la misma fotografía, bajo el título: víctima de un error.

Todos estamos en contra de la violencia. Resulta especialmente repugnante la violencia cometida sobre los niños. Pero hay muchos modos de manifestar nuestra repulsa. Y, sobre todo, hay que tener cuidado con las afirmaciones no probadas. Porque resulta  que este joven el sábado estaba acusado de malos tratos y vejaciones sexuales a una niña; el domingo parecía claro que todo era un error, que la niña cayó de un columpio y murió a causa de los daños causados por la caída. ¿Qué decían los informes médicos? Alguien se ha columpiado sobre la verdad y la justicia. Y sobre este pobre hombre siempre quedará una sombra de sospecha de maltratador.

Con este asunto de los malos tratos todos salimos malparados. No solo los niños y las mujeres. También hay varones injustamente acusados y no se puede presuponer, de entrada, que siempre tiene razón la acusadora, como parece que se tiende a presuponer. Hay mujeres que se aprovechan de esta sensibilidad cultural y judicial para sacar ventajas económicas en procesos de divorcio, aludiendo a malos tratos, cuando no poniendo a hijos por medio. Conozco algunos casos. Daría algún detalle, pero me da miedo que algún lector pueda reconocer a las personas. El hecho es que algunos varones también son víctimas de malos tratos por parte de mujeres sin escrúpulos, que pretenden seguir viviendo a costa del divorciado, dejándolo sin casa, con la mitad del salario, y poniendo a los hijos de su parte, en vez de ponerse a trabajar. Eso también hay que decirlo y denunciarlo.



Dudas de fe en sentencia judicial

domingo, 29 de noviembre de 2009 | Hay 1 comentarios

Una sentencia judicial argumenta con supuestas dudas sobre la fe de los padres para justificar la exclusión de los hijos de un colegio católico concertado. La historia es la siguiente: unos padres de familia han recurrido al juzgado para que se aumente el cupo de alumnos por aula y así sus hijos puedan entrar en el Colegio Portacaeli de Sevilla. Aquí hay un problema legal: la ley establece un número máximo de alumnos por aula y permite a los solicitantes de plaza escolar que marquen una segunda opción por si no puede atenderse la primera solicitud. Unas familias de Sevilla, al quedar excluidas de la primera petición, recurrieron al juzgado para que se ampliase el número de alumnos en las aulas.

El juez argumenta que, al ser la segunda opción un colegio público, eso plantea dudas sobre las convicciones católicas de los solicitantes. Me parece un razonamiento discutible y poco fundamentado. Puestos a sacar el tema “católico” el juez podría haber argumentado que con la segunda opción del colegio público no se daña la educación católica de los niños, porque el colegio público tiene obligación de impartir la clase de religión católica. Y quizás esta hubiera sido una buena ocasión para que los padres reclamasen que se impartiera con dignidad y altura. Más aún, podía haber dicho el juez, la educación católica no es solo ni principalmente asunto del colegio, sino sobre todo de la familia.

Los motivos por los que se solicita plaza en centros confesionales son variados. Unos buscan educación católica, otros la comodidad de la cercanía, otros se fijan en la calidad de la enseñanza. Aquí, como en otros aspectos de la vida, hay una amplia gama de grises. Pero me parece que deben quedar claras algunas cosas: la inoportunidad de un argumento judicial que plantea dudas sobre la fe del demandante; la necesaria clarificación, por parte de los padres, de los motivos por los que piden el ingreso en un colegio católico; y la urgencia, por parte de las familias católicas, de educar a sus hijos con el propio ejemplo y la madurez necesaria para que puedan afrontar las dificultades con las que, aún sin quererlo, se encontrará su fe.



Corrida de toros, ¿catequesis católica?

jueves, 26 de noviembre de 2009 | Hay 9 comentarios

Un comentarista del blog me ha hecho prestar atención a un artículo reciente publicado en ABC, “en defensa de los toros”. Llama la atención la relación que el periodista hace entre “ser católico” y “disfrutar plenamente de la fiesta de los toros” o, por el contrario, “ser católico del revés” y “anhelar su prohibición”. En este blog puede leerse mi respuesta a la intervención del amable lector, en la que me ratifico tras conocer el artículo: Me parece un planteamiento inadecuado, y un querer llevar el agua a un molino supuestamente católico en el que caben muchas aguas, pero en la que el agua de los toros no es la que mejor le conviene al molino.

El articulista hace consideraciones, al menos sorprendentes. Por ejemplo, que las corridas de toros serían una catequesis de la religión católica, que afronta la muerte “con gallardía, porque cree en la resurrección de la carne” y por eso, puede tomar a la muerte “muy en broma”. Bueno, bueno, bueno. Yo, como católico, prefiero no bromear con la muerte y no la afronto con gallardía, sino con una mezcla de temor y esperanza.

Este artículo es una muestra de la apropiación de “lo católico” y de la manía que tienen algunos de repartir certificados de “buen católico”. Lo peor de esas apropiaciones y de este reparto de certificados es la descalificación de los que no comulgan con la política o los gustos que subyacen en los apropiadores. En la Iglesia cabemos todos y es importante que nos respetemos todos. Caben los aficionados a los toros y los que prefieren ver suprimido ese espectáculo, los que juegan a la lotería y los que preferirían destinar ese dinero a obras de caridad, los partidarios de una mayor autonomía política y los defensores de una España más uniforme, los que votan a opciones políticas de derechas o de izquierdas; caben incluso los que no están de acuerdo con determinadas líneas pastorales de algún obispo.

El que identifica el ser católico con un determinado voto manifiesta que, para él, la política es más importante que el ser cristiano. Por si acaso aclaro que no pretendo aplicar una consideración similar al que piensa que solo un buen católico puede disfrutar de los toros.



Tristeza e ira de Dios

miércoles, 25 de noviembre de 2009 | Hay 1 comentarios

El comunicante del que les hablaba en un post anterior, me lanzaba dos preguntas más: 1) ¿Dios se entristece con nuestros pecados o es impasible?; 2) ¿Qué es la santa ira de Dios? Esta persona, que ha estudiado teología, me añade que cuando realizó el examen final del primer grado de estudios teológicos, en el temario aparecía esta tesis: “la ira de Dios”.

Les cuento mi respuesta: Juan Pablo II, en una de sus encíclicas, habla del dolor que, como consecuencia del pecado, se encuentra en el corazón mismo de la inefable Trinidad. Este dolor podríamos entenderlo como la tristeza que Dios siente al ver que el hombre se pierde a sí mismo. No se trata de un Dios irritado porque se siente ofendido, sino de un Padre que sufre cuando ve lo mal que lo pasan sus hijos queridos. Lo que entristece a Dios es el daño que me hago a mi mismo o que hago a los demás. Hay algo en Dios que se corresponde al sufrimiento que se siente por el amado, el sufrimiento de la madre al ver sufrir a su hijo, al verle enfermo, al ver que se pierde, al ver que no ama a sus hermanos. Dios es misericordioso y se siente afectado por nuestra situación, porque su amor hace que se implique en nuestra realidad. Dios no es un legislador distante al que no afecta la situación de las personas.

Otra cosa es la posible ira de Dios. La ira es un pecado. Pero como en Dios no hay nada que sea equiparable al pecado, no puede haber ira en él. Cuando en la Escritura se encuentren expresiones de este tipo, hay que entenderlas como antropomorfismos que recuerdan la seriedad del pecado o como expresiones del apasionamiento con el que Dios mira al ser humano. Pero la Escritura deja claro que Dios no da curso al furor de su cólera, precisamente porque no es como los hombres (Os 11,9).

Todo lo que decimos de Dios es inadecuado para reflejar lo que “es”. Quizás sabemos algo de lo que Dios “no es”, pero no lo que “es”. Y, aunque hay que ir con cuidado al aplicar a Dios nuestros sentimientos, me atrevo a afirmar a propósito de la pena y de la ira en Dios: Un Dios apenado, sí. Un Dios irritado, al menos  en el sentido que solemos dar a esta palabra, no.



¿Qué belleza salvará al mundo?

domingo, 22 de noviembre de 2009 | Hay 11 comentarios

A veces se cita así una frase de Dostoiewsky: “la belleza salvará al mundo”. Situada en el contexto de su novela El idiota, se trata más bien de una pregunta: “¿qué clase de belleza salvaría al mundo?”. La pregunta, más que la afirmación, orienta en la buena dirección. Pues en sí misma y en la percepción que el hombre hace de ella, la belleza es ambigua, lo hermoso puede ser engañoso y sus encantos esconder lo inmoral. Como advierte el libro de la Sabiduría (13,1-10) los encantos del universo pueden conducirnos a preguntar por la belleza de su Autor o podemos quedarnos en las cosas creadas, precisamente seducidos por su belleza.

Por su insuficiencia y ambigüedad la belleza del mundo no puede ser salvadora. Ella es la que necesita ser salvada y protegida. La belleza que salvará al mundo es la del bien y la verdad. No hay otra verdadera belleza. Porque el bien, la verdad y la belleza son indisociables. Pero puesto que la belleza despierta lo mejor que hay en nosotros, puede provocar la pregunta por el Misterio. ¿Por qué la rosa es bella?, se preguntaba Eckhart. ¿De dónde proviene su misterioso fulgor?

Cuando miramos la naturaleza con ojos egoístas nos preguntamos por su rentabilidad y utilidad. La naturaleza se convierte así en un lujo para ricos y poderosos. Cuando nuestra mirada es contemplativa surgen otro tipo de preguntas que nos orientan hacia lo profundo del ser, hacia la gratuidad y el misterio de lo real y, en definitiva, por decirlo con palabras de Tomás de Aquino, hacia el “Dios hermoso, causa de la armonía y del brillo del universo” (II-II,145,2). Este Dios, Hermosura tan antigua y siempre nueva (San Agustín), nos invita a cuidar razonablemente de los recursos naturales y a una práctica efectiva de la solidaridad interhumana.

(Escrito antes y publicado con ocasión del encuentro de Benedicto XVI con los artistas en la Capilla Sixtina este pasado sábado).



Hay hambre y sobra comida

viernes, 20 de noviembre de 2009 | Hay 8 comentarios

Esta semana se ha celebrado en Roma una cumbre mundial sobre seguridad alimentaria, organizada por la FAO. El Secretario General de la ONU y el Papa Benedicto XVI se han hecho presentes. No han asistido los líderes de los países ricos, tampoco ha asistido el Sr. Rodríguez Zapatero. ¿Será que el asunto no les interesa?

En su discurso, el Papa, tras constatar el incremento dramático del número de personas que sufren el hambre, ha dejado claras dos cosas: una, no hay relación de causa-efecto entre el incremento de la población y el hambre, lo cual se confirma por la deplorable destrucción de excedentes alimentarios en función del lucro económico. O sea, sobran alimentos, pero no hay voluntad política de que lleguen a todos, porque la voluntad que prima es la económica; no se busca alimentar a los hambrientos, se busca obtener el máximo beneficio, aún a costa de los hambrientos. Esta mala política, llega a decir el Papa, tiene repercusiones en la consecución de otros derechos, empezando por el derecho primario a la vida. Si entiendo bien, eso significa que para asegurar dignamente el derecho a la vida es necesario previamente, o al menos simultáneamente, erradicar la pobreza y sus causas.

En segundo lugar, el Papa ha dejado clara la responsabilidad de los unos sobre los otros, fundamentada en la común pertenencia a la familia humana universal. Esto hay que entenderlo bien: no se trata solo de que como todos somos hermanos, nos tenemos que ayudar. Se trata de que los bienes de la tierra son de todos para ser repartidos entre todos. Por eso el Papa habla no solo de una solidaridad animada por el amor, sino de una justicia que induce a dar al otro “lo que es suyo”, lo que le pertenece como miembro de una familia en la que los bienes son comunes. Algo de eso decía Tomás de Aquino, como bien ha notado Bernardo Pérez Andreo. La consecuencia es clara: si un pueblo necesitado se apropia de los bienes superfluos de otros pueblos, no roba porque toma lo que es suyo. ¿Cómo traducir eso políticamente? Por ahora no hay traducción, lo que hay son represalias y tribunales internacionales para castigar a los que se atreven a tomar lo “suyo”.



El placer está en tu mano

martes, 17 de noviembre de 2009 | Hay 18 comentarios

La Junta de Extremadura, y parece que el Gobierno de Andalucía pretende imitarles, ha publicado un libro para la educación sexual de los adolescentes, con el ingenioso y malintencionado título de “el placer está en tu mano”. Ni lo he leído, ni tengo interés en hacerlo. El libro no ha gustado a todos. Lo comprendo. Porque introducir en el libro un taller sobre la utilización de juguetes eróticos, entre otras lindezas, no es precisamente educativo. Por tanto, es perfectamente legítimo que algunos padres no estén de acuerdo con que estos procedimientos sean aprendidos por sus hijas e hijos sin el necesario control paterno-materno.

Cosa distinta es la necesidad de una buena educación sexual, que ya se imparte en centros educativos, estatales y concertados. En principio no hay nada que oponer a esta educación. Los padres católicos buscarán, como es lógico, que se imparta según los principios de la moral católica. Tiempo atrás no se impartía educación sexual. La consecuencia era que los niños y adolescentes aprendían por otros medios lo que puede enseñarse desde la dignidad y la belleza. Porque el cuerpo humano es santo, digno y bello, imagen de Dios. Este cuerpo está sexuado y la sexualidad tiene implicaciones en todo lo que hacemos. Vivida cristianamente no solo resulta más humanizadora, sino incluso más placentera.

Convendría que diésemos al término placer toda su nobleza. La Biblia califica las relaciones con Dios de auténtico placer: “sea el Señor tu placer y él te dará lo que pide tu corazón”, se lee en el libro de los Salmos. Porque efectivamente, hay placeres de todo tipo, y los corporales, siendo muy dignos, no son los mejores. Hay también placeres espirituales, que llenan el corazón: el placer de pasear, de escuchar música, de leer un libro, de conversar con un amigo. Todos necesitamos el placer como compensación de las tristezas de la vida. Por eso es importante ampliar su ámbito, para que nuestros jóvenes no lo identifiquen solo con el sexo. Y situar la sexualidad en el contexto del amor, para que nuestros jóvenes la disfruten dignamente y, disfrutandola, progresen en humanidad.



Noticia sin histeria no es noticia

domingo, 15 de noviembre de 2009 | Hay 6 comentarios

La Iglesia tiene vocación y obligación de hacerse oír. Tiene que hablar alto y claro, buscando los mejores modos para hacerse entender. Hay quien dice que, al estar tan rodeados de nada, una noticia sin histeria no es noticia. ¿Habrá que recurrir a la histeria para hacerse oír? Recurso peligroso. Puede provocar efectos hilarantes, contrarios a los deseados o, al menos, puede no producir el efecto deseado.

Cualquier católico sabe sobradamente que lo legal no coincide necesariamente con lo moral. No es menos cierto que no todo lo moralmente rechazable debe ser penalizado. Se comprende así que el legislador (sea cual sea su ideología o creencia) debe tener en cuenta las situaciones sociales a la hora de legislar. Puede ocurrir incluso que, en ocasiones, legisle sin estar en todo de acuerdo con lo que la ley implica. Para evitar males mayores, evidentemente. Eso sí, teniendo claro cuál es el mal mayor que se evita. La pregunta, por tanto, es: los diputados católicos que votan leyes no del todo coherentes con la moral católica, ¿tienen claro el mal que pretenden evitar? Conviene entonces que lo expliquen con mucha pedagogía. Un posible ejemplo puede ser la explicación del Presidente Obama ante el Papa, tras la cual no resultó condenado. Ya lo hice notar en un post anterior.

No cabe duda de que la Iglesia debe denunciar los males de nuestra sociedad, como hacían los profetas que, a veces, hasta resultaban hirientes con los que les escuchaban. Pero esa denuncia era efectiva porque el auditorio del profeta se identificaba con la visión del mundo que latía bajo la profecía. Cuando este no es el caso, es más eficaz el género sapiencial, que no significa género inocuo, sino un modo de hacer pensar, ofreciendo buenas razones y presentando positivamente experiencias de contraste. El sabio se pregunta cómo cuestionar sin condenar y cómo proponer sin imponer. Así queda más claro a unos y otros que el evangelio es gracia libremente acogida y que la moral evangélica es consecuencia ineludible del seguimiento de Cristo.



Contrición y atrición

viernes, 13 de noviembre de 2009 | Hay 2 comentarios

Hace unos días recibí un correo en el que un buen amigo me solicitaba que, entre otras, respondiera a esta pregunta: ¿Es posible hacer un acto de contrición perfecta?

He aquí mi respuesta: No es posible hacer un acto de contrición perfecta. Tomás de Aquino dice que la caridad (o sea, el amor con el que amamos a Dios) en este mundo es imperfecta. Se perfeccionará en la Patria, en el cielo. En línea con esta tesis de Santo Tomás yo diría que, en este mundo, nunca acabamos de arrepentirnos del todo de nuestras malas acciones, siempre buscamos alguna explicación, dar una razón, un motivo de lo que hicimos. De ahí que clásicamente se distinguía un doble dolor de los pecados: el de contrición y el de atrición. Este último era considerado un dolor imperfecto, un arrepentimiento insuficiente, pero se consideraba suficiente para recibir el sacramento de la penitencia. Dicho de otro modo: la absolución suplía lo que de imperfección había en el arrepentimiento, suplía la falta de un “dolor perfecto” por los pecados. La Iglesia es sabia, conoce nuestra debilidad, por eso nos tranquiliza con fórmulas de este tipo, que podríamos traducir así: Dios nos ama a pesar de todo, nos comprende más de lo que nos comprendemos nosotros, nos quiere siempre y en toda circunstancia.

Vuelvo a la idea de Tomás de Aquino sobre la imperfección de nuestro amor a Dios en este mundo. Es un pensamiento que resulta a la vez consolador y estimulante. Consolador porque así evitamos falsos perfeccionismos que solo crean decepción al no lograrse nunca; y también escrúpulos innecesarios. Y estimulante, porque se evitan falsas satisfacciones y paradas. Con el amor a Dios no se acaba nunca. Siempre es posible ir a más.



Lo de los anglicanos abre puertas

martes, 10 de noviembre de 2009 | Hay 2 comentarios

Con fecha del 4 de noviembre se ha publicado la Constitución Apostólica que instituye Ordinariatos personales para los anglicanos que desean estar en plena comunión con la Iglesia católico-romana, junto con unas normas complementarias. Se trata de dos documentos hechos con amplitud de miras que suscitan preguntas sobre el futuro. Muchas veces lo que comienza siendo una excepción, va ampliándose poco a poco y termina siendo norma común. En el caso de las puertas abiertas por esos documentos es posible que los pasos sean lentos, pero lentos y todo, no hay que descartar nada.

Un aspecto que no gustará a los afectados: aquellos fieles y sacerdotes que antes de entrar en la comunión anglicana pertenecieron a la Iglesia católica, no pueden ser admitidos como fieles de los nuevos Ordinariatos personales y, menos aún, ejercer el sacerdocio. Pero hay otros aspectos muy positivos. Uno importante es que, donde se erija un Ordinariato, la colaboración entre ambos cleros, el de la diócesis territorial y el del Ordinariato, será lo normal; igualmente será normal la formación conjunta de los seminaristas; y por supuesto la colaboración de los fieles en las diferentes actividades eclesiales.

Hay previsiones que puede abrir nuevos cauces: 1) aunque lo habitual es que solo se ordene de presbíteros a varones célibes, el Ordinario podrá solicitar al Romano Pontífice que se admitan varones casados según criterios objetivos que, si bien aprobados por la Santa Sede, los determinará el propio Ordinario. 2) los consejos presbiterales del Ordinariato, cuando haya que proveer de Obispo, tienen derecho de presentar una terna a la Santa Sede. Eso antes ocurría en algunas diócesis y poco a poco se suprimió; el que ahora se prevea para estos Ordinariatos puede resultar un paso para que se restablezca en otras diócesis. 3) Es interesante que, aunque un Obispo anglicano casado no puede ser ordenado obispo católico, sí puede ser nombrado Ordinario, lo que en la práctica viene a ser lo mismo. Estos Ordinarios, casados o célibes, forman parte de la Conferencia Episcopal. 4) Un detalle menor, pero significativo: aquellos obispos anglicanos que no sean ordenados obispos católicos (por estar casados) podrán usar sin problema las insignias episcopales.

Nuevos tiempos, aires nuevos, puertas que se abren.



Jóvenes anestesiados

lunes, 09 de noviembre de 2009 | Hay 3 comentarios

Me han enviado, bajo el título “la eutanasia y los jóvenes”, el texto que reproduzco: Anoche mi mamá y yo estábamos sentados en la sala hablando de las muchas cosas de la vida... entre otras... estábamos hablando del tema de vivir/morir. Le dije: 'Mamá, nunca me dejes vivir en estado vegetativo, dependiendo de máquinas y líquidos de una botella. Si me ves en ese estado, desenchufa los artefactos que me mantienen vivo. PREFIERO MORIR'. ¡¡Entonces, mi mamá se levantó con cara de admiración...Y me desenchufó el televisor, el DVD, el cable, Internet, el PC , el mp3/4, la PlayS , la Nintendo DS, el teléfono fijo, me quitó el móvil, el ipod y me tiró todas las cervezas!!! ¡La madre que la parió!...  ¡¡¡¡CASI ME MUERO!!!!

El texto resulta gracioso y quiere ser expresión de una tendencia social, a saber, que bastantes de nuestros jóvenes solo piensan en divertirse; mas aún, son jóvenes que no soportan la soledad y necesitan sucedáneos de ruido y compañía porque son incapaces de mantener relaciones serias y estables, o de escuchar palabras que hagan pensar. El ruido y los aparatos electrónicos ofrecen la falsa sensación de compañía, incluso de intimidad. Son aparatos anestesiantes que no remedían el problema de fondo: el vacío profundo de muchos de nuestros jóvenes, por falta de compromisos serios y de amor verdadero; por decirlo con palabras bíblicas, lo suyo es una soledad poblada de aullidos.

Pero leer el texto como un alegato contra la eutanasia me parece fuera de lugar pues, bien pensado, no cumple su propósito. En primer lugar porque las cosas serias, como la vida y la muerte, si bien pueden tratarse con un poco de humor, no pueden tratarse desde la ironía y el desenfado. Y además, porque no se pueden comparar churras con merinas. Una cosa es el “casi me muero” del niño mal criado cuando le quitan su teléfono móvil, y otra el “prefiero morir” del que no se ve en condiciones de vivir su enfermedad. Precisamente porque me tomo la vida en serio, no me gusta banalizar esos temas.



Paliza por motivos religiosos

sábado, 07 de noviembre de 2009 | Hay 3 comentarios

¿Paliza con aborto por un triste y maldito motivo religioso?. Eso parece, pero no está claro. En un pueblo de Ciudad Real, una mujer musulmana acompañaba a su hijo al colegio. Pero no llevaba el velo puesto. Una pareja (varón y mujer) de musulmanes, que también iban con su hijo al colegio, al verla sin velo, le dieron una paliza y, como consecuencia, la mujer perdió un bebé que esperaba. Eso dice la Guardia Civil. La víctima tiene miedo y prefiere callar. Hay quien dice que, en el origen de todo, no está el asunto del velo, sino una discusión entre las dos mujeres. Importa que se aclaren los hechos para que si, en nombre de Alá, se ha cometido un delito, se aplique con todo rigor la justicia de los hombres de bien.

En nombre de todos los dioses se han cometido las mayores aberraciones. Pero es indignante que hoy ocurran salvajadas apelando a creencias religiosas. Y que siempre sean las mujeres las víctimas de esta religiosidad blasfema. Por suerte para nosotros, Dios no es como los hombres. A veces pienso y me gustaría que las personas religiosas pensasen: ¿y si Dios me tratase a mi como yo trato a los demás en su nombre? En ocasiones sería para echarse a temblar. Conozco el caso de un sacerdote, buena persona, que en el confesionario trataba a los penitentes con cierto rigor. Al final de sus días entró en una terrible depresión, pues pensaba lo mal que lo iba a pasar si, cuando se presentase en su presencia, Dios le trataba como había tratado él a sus penitentes. ¡Al menos este hombre era coherente, tenía conciencia y temor de Dios! 

Hay un principio previo a toda religión, aunque también sea un principio muy religioso: no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti. Es un principio exigente, porque si a ti te hacen lo que no quieres que te hagan, precisamente porque no quieres que te lo hagan, tú no debes hacerlo a los demás. En el caso que ha motivado mi reflexión, la familia de la víctima dice que está dispuesta a perdonar. Si se trata de perdón, esperemos que sea sincero y no producto del miedo.



El templo está dentro de uno mismo

viernes, 06 de noviembre de 2009 | Hay 4 comentarios

Una persona cercana, trabajadora y madre de familia, me envía una reflexión personal que me agrada transcribir (con permiso de la autora) para todos mis lectores:

"El amor es una experiencia  que todo ser humano debería poder vivir, sentir. Muchísimas veces no expresamos amor, se nos olvida amar, estamos llenos de prisas, siempre pensando en lo que hay que hacer o nos queda por hacer, en vez de disfrutar de la vida, maravillarnos de la vida y escuchar con el corazón.  Estamos cayendo en una rutina de la que no sabemos salir, una rutina  que se convierte en un sin sentido. Cada día, a mi misma, me resulta muy difícil encontrar sentido a mi vida, nos olvidamos de lo esencial, escuchar, expresar, dar amor. No es fácil, nada fácil ser, actuar y ser desde y con el corazón.

Nada conocemos de Dios, nada sabemos de Dios y sólo a través del amor puede uno sentirlo, rozarlo un poquitín. Todos sentimos amor pero nos olvidamos de darlo, expresarlo, sentirlo y vivirlo día a día. Saber amar, sentir amor es lo que al final importa, lo único que nos llena y lo que más desea y necesita el ser humano, la humanidad; y muchísimas es lo que menos hacemos. Cuando hay amor, cuando se siente amor, casi no hacen falta explicaciones ni razones, lo que se siente puede llegar a ser tan inmenso que ya no dudas ni preguntas. Sientes, amas. El alma se siente enamorada, en una infinita calma y se es capaz de sentir, de mirar la vida con ilusión, con asombro, con ojos de niño.

Todos tenemos dentro de nosotros mismos ese  rincón íntimo que nos acerca y nos descubre a Dios, lo difícil es entrar en él, permanecer en él y creer. Y casi diría que es algo natural, innato en el hombre el ansia de Dios. El templo está dentro de uno mismo. Pero no es fácil, nada fácil".



La ciencia no salva, solo salva el amor

martes, 03 de noviembre de 2009 | Hay 4 comentarios

Aunque el diálogo entre religión y ciencia puede ser beneficioso para ambas partes, y aunque no pueda hacerse hoy teología al margen y menos en contra de los datos de la ciencia, no hay que olvidar que no es la ciencia lo que salva al ser humano. El ser humano es salvado por el amor. Esto es válido incluso en el ámbito puramente intramundano. Cuando uno experimenta un gran amor en su vida, se trata de un momento que da nuevo sentido a su existencia. Pero muy pronto se da cuenta de que el amor que se le ha dado, por sí solo, no soluciona el problema de su vida. Es un amor frágil. Puede ser destruido por la muerte. El ser humano necesita un amor incondicionado. Si existe el amor absoluto, con su certeza absoluta, entonces suceda lo que suceda, estamos salvados. Esto es lo que se ha manifestado en Jesucristo: un Dios que no es lejana causa primera del mundo, sino presencia viva y cercana para todos los que lo acogen.

Más aún, el creyente está convencido de que el mundo, en última instancia, no está gobernado por las leyes de la materia, sino por un Dios personal. Si conocemos a Dios y él a nosotros, entonces ya no somos esclavos del universo y de sus leyes; somos libres. El cielo no está vacío. La vida no es el simple producto de las leyes y de la causalidad de la materia, sino que en todo, y al mismo tiempo por encima de todo, hay una voluntad personal, hay un Espíritu que en Jesús se ha revelado como Amor.

La ciencia nos proporciona un mapa del lugar en el que estamos, de dónde venimos y adónde podríamos ir. Pero las amenazas no vienen de la ciencia, sino de quienes pretenden erigirse en sus dueños. Por eso es importante recordar que quien lleva el timón de este barco, que es el mundo, no son las fuerzas del mercado, los ejércitos, el gran imperio norteamericano o la pura casualidad. Quién lleva el timón es Dios.



Ríos que han de cruzar el mar

domingo, 01 de noviembre de 2009 | Hay 3 comentarios

Jorge Manrique acuñó la idea de que “nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar / que es el morir”. Si el mar, como parece insinuar el texto del poeta, es imagen del caos y de la muerte, entonces no es eso lo que sostiene la fe cristiana. Según esta fe nuestras vidas no abocan en el mar sino que lo cruzan para llegar al verdadero hogar. Hay que atravesar el mar para ganar la otra orilla. Los que sucumben en sus aguas son los que no creen que el hogar está al otro lado, los que piensan que aquí acaba todo, tal como dice Jorge Manrique: “allí van los señoríos / derechos a se acabar / y consumir; / allí los ríos caudales, / allí los otros medianos / y más chicos”.

Para la fe cristiana el mar no es el lugar donde el río de la vida se acaba y se consume, sino el espacio que hay que cruzar para llegar a la Tierra Prometida. La carta a los Hebreos califica a los creyentes de peregrinos y huéspedes sobre la tierra, pues buscan una patria mejor. Eso tiene una consecuencia, pues si esperamos una patria mejor no resulta lógico aferrarse a patriotismos mundanos. Para el creyente, en busca de una ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios, las ciudades de este mundo son lugares de paso.

Prefiero comparar la vida con una barca más que con un río. Una barca que debe atravesar el mar para llegar a esta nueva tierra en la que nuestras vidas serán transfiguradas. Cuenta la Biblia que los israelitas fueron capaces de cruzar el mar sin mojarse, de vivir sin dejarse ahogar por las cosas materiales; los egipcios, en cambio, sucumbieron a su propia abundancia y a su inmenso poder. A veces nos pasa a nosotros: podemos morir de éxito o aplastados por el peso de lo que nos sobra. Por eso, para que la travesía de esta barca que es la vida sea factible, es preciso soltar lastre, pues con exceso de carga la barca se hunde.