Hay dos modos de guardar la palabra de Dios: reteniendo en la memoria cuanto hemos oído o haciendo patente con las obras cuanto hemos escuchado
Fr. Jordán de Sajonia
Blog de: Martín Gelabert Ballester, OP

Pornografía y religión

viernes, 30 de octubre de 2009 | Hay 19 comentarios

Se están levantando voces que lamentan y denuncian los enlaces a páginas de pornografía explícita y dura que se encuentran en la web “Religión Digital”. Distintas personas amigas me han hecho llegar estos enlaces, que por respeto a nuestros lectores no voy a poner en este blog. La verdad es que he dudado mucho sobre si entrar en ese “trapo”. Porque, ¿qué voy a decir? ¿Qué los dominicos somos muy buenos porque no nos vendemos a nadie y tenemos nuestra página en la que no es posible encontrar marranadas así? ¿Digo lo malos que son esos señores integristas que denuncian todo lo imaginable, que se creen más papistas que el Papa (por tanto ya no son papistas, pero ese es otro tema) y que de paso colaboran en la difusión de pornografía? Pero claro, si digo lo anterior, ¿por qué no lamentar que en esta web haya de todo, no solo páginas integristas, sino páginas firmadas por clérigos, monjas y algún obispo a los que sin duda les ha pillado de sorpresa esta situación?

La Iglesia y los cristianos debemos estar presentes en los medios de comunicación. Eso tiene servidumbres inevitables. Porque los medios no los controlamos nosotros. En cualquier periódico en el que se publique un artículo religioso, se encuentran anuncios de contactos sexuales. Si mis noticias son buenas resulta que “Público” (el periódico que dicen está a la izquierda del “El País”, que según algunos ya es estar a la izquierda) es el único diario que no admite páginas de contactos. ¡Quien lo diría! Quedan las hojas parroquiales y algunas revistas controladas por las diócesis o las congregaciones religiosas. Pero, aparte de que la misma Iglesia invita a los pensadores cristianos a hacerse presentes en los medios “seculares”, en la mayoría de los medios eclesiásticos no se permite hablar a las voces críticas, y solo tienen cabida los aplausos; si dentro del sistema solo caben los palmeros, entonces las voces críticas buscan acomodo en lugares externos al sistema. Cuando a uno que está dentro no se le permite expresarse dentro, lógicamente se expresa donde le dejan.

En fin, se trata de un asunto con muchas vertientes. Vuelvo con la primera, con la que ha provocado este articulillo. Para notar que todavía quedan sitios “no eclesiásticos” donde poder publicar artículos religiosos con libertad, y en los que no hay enlaces indeseables.



El pecado conduce a la muerte

jueves, 29 de octubre de 2009 | Hay 2 comentarios

Quisiera volver sobre lo fundamental del mito de Caín, a saber, el fratricidio. Para comprenderlo en todo su dramatismo conviene recordar que, según el relato bíblico, la de Abel es la primera muerte de la historia. Sin embargo la lógica del relato conduce a pensar que quién debería haber muerto en primer lugar es Adán, puesto que Dios le había amenazado con la muerte si comía del árbol de la ciencia del bien y del mal. Adán comió, Eva comió y siguieron vivos. Se diría que la serpiente tenía razón cuando les dijo: “de ninguna manera moriréis” (si coméis del árbol).

Aquí se juega con un doble sentido del término “muerte”: la muerte como final de la existencia; y la muerte como separación de Dios. La muerte que produce el pecado es de tipo religioso: la ruptura con Dios. El pecado no conduce al hombre a la tumba. Más bien destruye la relación con Dios y con los demás y le destruye a él, porque la persona se construye en la relación. Su más trágica consecuencia se manifiesta con toda crueldad en el asesinato de Abel a manos de Caín. La primera muerte de la humanidad no es una muerte natural, es un homicidio y un fratricidio, puesto que todos somos hermanos. El primero que muere no es Adán por haber infringido el mandato de Dios, sino Abel, un inocente.

La primera experiencia de muerte no la produjo la desobediencia al Dios que no vemos, sino el odio al hermano que vemos. Como esto no entra en el proyecto original de Dios, puede decirse con toda verdad que el pecado conduce a la muerte. A la muerte física del hermano y a la muerte espiritual del homicida. Las amenazas de muerte vienen de mano del hermano. Y el asesinato puedo recibirlo del hermano asesino o de la ignorancia voluntaria del que se lava las manos, y también se pregunta hipócritamente si es el guardián de su hermano.

Desgraciadamente la historia de Caín sigue siendo actual, en forma de rupturas de todo tipo: ambiciones, violencia, economías que perjudican a los débiles, guerras cuyo objetivo es conseguir riquezas ajenas, o de “bonos de muerte”, el último invento de la banca, en el que está explícito el deseo de muerte del titular del seguro.



El error que conduce al horror

martes, 27 de octubre de 2009 | Hay 7 comentarios

El personaje de Caín, al que la reciente novela de José Saramago ha puesto de moda, se presta a algunas reflexiones que no se aparten demasiado del relato bíblico. La respuesta de Caín a la interpelación divina pidiéndole cuentas por el asesinato de Abel, ¿acaso soy el guardián de mi hermano?, es la clave que conduce del error al horror. Porque precisamente ahí está el fondo de todo el asunto, en tomar conciencia de que cada uno somos guardianes de nuestros hermanos, sus custodios y pastores. Cuando lo olvidamos, de una u otra manera, les estamos matando. No conviene perder de vista el final de la historia de este primer fratricidio, a saber, la postura de Dios que, una vez cometido el crimen, sigue cuidando de Caín. Mientras Caín no supo ser el guardián de su hermano, Dios se convierte en el guardián de Caín.

Algunos detalles en esta historia podrían leerse desde nuestros actuales conocimientos. Después de Caín la maldad de la humanidad comenzó a multiplicarse sobre la faz de la tierra. Entonces Yahvé decidió retirar su espíritu de la carne de los mortales. Ello provocó que la vida de los seres humanos quedase reducida a un máximo de 120 años (Gén 6,3). Más o menos por ahí suelen ir los récords de longevidad. La mala vida acorta la vida.

El que agradase más a Yahvé el sacrificio de Abel permite hacer otra reflexión desde los datos hoy conocidos. Abel era pastor y ofreció un cabrito de su rebaño; Caín era agricultor y ofreció los frutos de la tierra. En casi todas las religiones, los dioses prefieren los sacrificios con derramamiento de sangre a los sacrificios incruentos. ¿Será que pretenden manifestar a los hombres primitivos la necesidad de comer carne, pues esta tiene un papel decisivo en el proceso de hominización?

Caín ha pasado a la historia como la personificación del mal. A una mala persona se la califica de cainita y “pasar las de Caín” es sinónimo de estar muy mal. En nuestro país, según la actual Ley de registro civil, está prohibido poner el nombre de Caín. Tenemos ahí un caso de la influencia de lo religioso en la cultura.



Respeto y dignidad para África

sábado, 24 de octubre de 2009 | Hay 3 comentarios

Este domingo termina en Roma el Sínodo de los Obispos para África. Es de esperar que pronto tengamos completo su Mensaje final. Por ahora disponemos de algunos fragmentos. Los suficientes para pensar que se trata de un documento importante para la Iglesia en África, y para todos los creyentes. No solo porque hay una comunión en la fe y el amor, sino sobre todo porque los cristianos de los países ricos tenemos una parte de responsabilidad en las desgracias que asolan a los africanos.

El documento pide que el mundo trate a África “con respeto y dignidad”. Denuncia la pobreza, provocada por las guerras, resultado de “la complicidad trágica y la conspiración criminal entre responsables locales e intereses extranjeros”. La causa de las guerras en África hay que buscarla en una “política miope” que fomenta la guerra para obtener los propios beneficios. En este contexto se hace una llamada a la necesidad de políticos africanos que alejen la corrupción del continente.

Destaco dos cosas más del mensaje. Tratando de la libertad de compartir la propia fe, se encuentra una apremiante llamada a la reciprocidad: “Si los cristianos que deciden cambiar su religión son bien acogidos entre los musulmanes, tiene que haber reciprocidad en este ámbito. El respeto recíproco es el camino que tenemos que recorrer”. Hago notar el tono positivo, y no de amenaza de condenación, con el que se aborda la conversión de un cristiano al Islam, cosa relativamente nueva. Pero también la necesidad, por parte musulmana, de respetar las conversiones al cristianismo, sin que supongan una amenaza para la vida del convertido.

Finalmente los Obispos denuncian la expansión del fanatismo religioso que causa “estragos en muchos lugares de África” y advierten contra un “fervor religioso” que esté “mal orientado por fanáticos o manipulado por políticos”. Acertada observación, a mi parecer, ya que el fundamentalismo religioso es la peor de las drogas, el opio que adormece a los pobres.



Lo de los anglicanos traerá cola

viernes, 23 de octubre de 2009 | Hay 7 comentarios

A medida que pasan las horas se conocen reacciones y datos a propósito de la Constitución que prepara Benedicto XVI para integrar a los anglicanos que lo deseen en la Iglesia de Roma. Uno de los promotores, por parte anglicana, de dicha adhesión, el arzobispo John Hepworth, primado de la Comunión Anglicana Tradicional, ha hecho pública una nota agradeciendo al Papa la nueva Constitución Apostólica y dice que “va más allá de los sueños que nos atrevimos a incluir en nuestras peticiones de hace dos años”.

Quiero suponer que, en este caso, no ha ocurrido como con el movimiento tradicionalista de Lefebre. Entonces, tras su benévolo gesto, el Papa se llevó la sorpresa de enterarse de las posiciones negacionistas del holocausto de uno de los Obispos a los que levantó la excomunión. Imagino que ahora el Papa es bien consciente de que el arzobispo John Hepworth fue ordenado primero sacerdote católico en la archidiócesis de Adelaida y posteriormente fue recibido en la Iglesia Anglicana de Australia.

Este caso y otros parecidos plantean una serie de problemas que la Santa Sede tendrá que resolver. Esperemos que sin dejar muchos heridos por el camino. Los sacerdotes católicos, que tras casarse y pasar por el anglicanismo, ahora regresan a la Iglesia de Roma, ¿van a ser rehabilitados en su ministerio católico? En este caso, ¿que razón se aducirá para negar la reintegración a tantos sacerdotes casados católicos, que nunca abandonaron la Iglesia católica? O, ¿en el caso del arzobispo Hepworth, se le impedirá el ministerio? En cierto modo sería lo lógico.

Habrá que esperar para ver como se concretiza esta entrada de los sectores más tradicionales del anglicanismo en la Iglesia de Roma. A lo mejor resulta que las tensiones de uno y otro tipo que eso creará obligarán a flexibilizar la disciplina de la Iglesia. Aunque lo dudo. La Iglesia admite excepciones, pero no suele aceptar que las excepciones se conviertan en regla. ¿Habrá que decir que cuanto más grande y abundante sea la excepción con mayor fuerza se mantendrá la regla?



Católicos anglicanos y católicos romanos

jueves, 22 de octubre de 2009 | Hay 7 comentarios

Se anuncia una Constitución Apostólica de Benedicto XVI por la que se creará una especie de Prelatura personal en la que podrán integrarse aquellos clérigos y fieles anglicanos que se incorporen a la Iglesia católica, conservando sus ritos y costumbres. ¿A qué se debe esta novedad? A que algunas diócesis y parroquias anglicanas, disgustadas con las ordenaciones sacerdotales de mujeres y de varones homosexuales, han pedido o están decididas a pedir el ingreso en la Iglesia Católica.

Al respecto parece positivo el anuncio conjunto hecho por los arzobispos de Westminster (católico) y de Canterbury (primado de la Comunión Anglicana); aunque, por otra parte, voces anglicanas recuerdan que las conversiones van en las dos direcciones. También hay presbíteros católicos que piden el ingreso en el anglicanismo.

Esos trasvases extrañan menos si se sabe que entre la Comunión Anglicana y la Iglesia Católica hay coincidencias en lo fundamental. Prácticamente la única diferencia por parte anglicana está en el reconocimiento del primado de Pedro en la persona del Obispo de Roma. De hecho la Iglesia Anglicana se considera “católica”. Como decía el Deán Henry Forrester: “Católica, aunque no romana y Evangélica, aunque no protestante”. Casi está uno tentado de decir que los católicos anglicanos y los católicos romanos se diferencian tan solo en una referencia geográfica.

Eso sí, los pastores que presidan las diócesis personales de antiguos anglicanos deberán ser necesariamente sacerdotes u obispos no casados. Las parroquias podrán ser encomendadas a sacerdotes que en el momento de su paso al catolicismo estuvieran casados. A los nuevos seminaristas de estas diócesis se les exigirá el celibato.

Tengo dos dudas: una, si los anglicanos que se integrarán en la Iglesia católica no serán de tendencia muy conservadora; y otra, si las razones de fondo de la integración hay que buscarlas en la sexualidad, la mujer y el matrimonio. Y una pregunta: ¿por qué cuando interesa se permite el ministerio de un presbítero casado y no se permite el matrimonio de un sacerdote?



Corrupción aprovechándose del Papa

martes, 20 de octubre de 2009 | Hay 3 comentarios

Desde hace meses sabemos de una trama corrupta en la que están implicadas altas instancias del Gobierno de la Generalitat valenciana. Desde hace dos semanas conocemos que esta trama se aprovechó de la visita del Papa a Valencia para hacerse con dinero ilícito. Prácticamente doblaron el precio de los servicios prestados; más aún, en las cuentas de la visita aparecen 12 millones de euros dedicados a “otros gastos” que nadie aclara. El Arzobispado de Valencia se apresuró a desmentir cualquier implicación en este turbio asunto. Evidentemente el Arzobispado más que cómplice fue víctima. Y más víctimas fueron los servicios de la Santa Sede que no tienen más remedio que contar con la colaboración de las autoridades locales cuando el Papa realiza sus visitas pastorales.

El asunto debe ser muy serio. Porque hasta el portavoz de la Santa Sede se ha visto obligado a intervenir calificando el caso de “ciertamente feo”. ¿Solo feo? Al menos el portavoz de la Santa Sede ha emitido un juicio negativo que no hubiera estado de más escuchar del  portavoz del Arzobispado de Valencia. Pero más allá de los juicios morales, este caso debería ayudar a reflexionar sobre las compañías de los organismos oficiales y representativos de la Iglesia, y sobre el lugar preeminente que en los actos presididos por el Papa se otorga a determinados individuos que, bajo apariencia de piedad, resultan poco recomendables.

Hace tiempo que sabemos que el hábito no hace al monje, que aunque la mona se vista de seda mona se queda, o que las apariencias engañan. Por eso uno ya no se sorprende de esos sepulcros blanqueados que se acercan a la Iglesia y a sus más distinguidos representantes. Pero estas cosas deberían ayudar a reflexionar sobre si no hay otros tipos de apoyo para las visitas del Papa y para las actividades de la Iglesia. Porque también se dice aquello de dime con quién andas y te diré quién eres. Y, aunque eso no sea del todo cierto (Jesús andaba con pecadores y otras gentes de mal vivir), tampoco es bueno que nos relacionen con según quién, si esta relación tiene implicaciones económicas poco claras. O demasiado claras.



Dios rematadamente loco

domingo, 18 de octubre de 2009 | Hay 8 comentarios

Eso dice José Saramago en su última novela titulada Cain. Su pretensión: culpar a Dios, como autor intelectual del asesinato de Abel y de todas las sangres que en la historia han sido. Ya en su primera novela, El Evangelio según Jesucristo, Saramago se inventa un diálogo entre Dios y Satán. Este constata que el proyecto de Dios es diabólico, y tras enumerar todas las consecuencias de la cruz en forma de cruzadas, inquisición, martirios, disciplinas monásticas y otras lindezas, dice: “Hay que ser Dios para complacerse en tanta sangre”. En la nueva novela, Caín se convierte en visionario del futuro y testigo de múltiples historias de muerte y sangre: la de un hombre llamado Abraham, al que Dios ordena que sacrifique a su hijo; la de los que murieron por adorar un becerro de oro, los exterminados en Jericó, o los niños abrasados en Sodoma. La conclusión que saca Caín es que “Dios está rematadamente loco”.

Si El Evangelio es una lectura muy libre de los evangelios sinópticos, en Caín la lectura, también muy libre, es del libro del Génesis. A mi no me molesta que se haga literatura con historias que son ya patrimonio de todos. Pero si se cambia totalmente el sentido de las historias originales, y se ofrecen interpretaciones que las desvirtúan, la literatura se convierte en provocación y es posible que moleste a más de uno. La novela de Saramago de histórica no tiene nada. Es pura imaginación. Caín (como antes Jesucristo) es un pretexto en el que volcar su ideología atea y marxista. Con argumentos un tanto superados y afirmaciones en exceso contundentes. Y puestos a juzgar la calidad del escrito, mi impresión es que si el lector de estas novelas no conoce la “verdadera” historia, esta literatura resulta francamente aburrida. Si no lo es, es precisamente por el contraste que el novelista logra despertar en el lector.

Mi consejo: no se pierden nada si no leen el Cain de Saramago. Pero tampoco van a perder la fe por leer una ficción que a nadie engaña. Al menos si se tiene una fe madura. Pues el dios que imagina el novelista no existe. Gracias a Dios.



Religión y ciencia

viernes, 16 de octubre de 2009 | Hay 5 comentarios

La religión y la ciencia no han tenido en el pasado buenas relaciones. Hoy se están haciendo esfuerzos de acercamiento por una y otra parte. La interacción entre ciencia y teología tiene enormes repercusiones a la hora de juzgar qué creencias religiosas son creíbles en la actualidad. Hoy, superados viejos dogmatismos y cientifismos, podríamos encontrarnos unos y otros si somos capaces de reconocer que todo nuestro saber es una docta ignorancia. Si los científicos prestan atención a la buena teología, pueden encontrar sentido y caminos más humanos. Y si los teólogos saben escuchar a la ciencia, encontrarán la oportunidad de elaborar una teología más creíble, más segura de sí misma.

A mi entender son tres los ámbitos en los que interesa a la teología escuchar a la ciencia, que han sido históricamente causa de conflicto y todavía pueden ser causa de malentendido. Se trata de las grandes cuestiones que siempre se ha planteado el ser humano. En primer lugar el origen del universo y la aparición de la vida humana sobre la tierra. En segundo, los retos de la bioética y la búsqueda de condiciones para que la vida humana se desarrolle de forma beneficiosa, agradable y feliz. Y finalmente, el sentido de la vida humana y la finalidad general de todo lo que conocemos como cosmos.

A la ciencia no hay que temerle. Quizás sí a los hombres que desde la política o la economía pretenden manejarla. Pero no a la ciencia. Ella debe ser respetada, honrada, aprovechada, escuchada. Porque el buen teólogo tiene muy claro que, si Dios existe, la búsqueda honrada de la verdad, solo puede conducir a él.



¿Colisión de derechos entre madre e hijo?

miércoles, 14 de octubre de 2009 | Hay 5 comentarios

Teresa Forcades es una monja benedictina, doctora en medicina y en teología, conocida por haber denunciado los turbios negocios de las industrias farmacéuticas, y últimamente las irregularidades relacionadas con la gripe A. Pero si la traigo a colación es por una entrevista que concedió a TV3, y en la que el periodista la preguntó sobre el aborto. Su respuesta resultó polémica y el cardenal Rodé, prefecto de la Congregación para la Vida Consagrada, solicitó de su abadesa que Sor Teresa manifestase públicamente su adhesión al Magisterio de la Iglesia. Y eso ha hecho la buena monja, con una declaración que ha suscitado nueva polémica. Este post se ciñe a la declaración y no entra en las polémicas.

Forcades indica que el respeto y obediencia de los teólogos católicos al Magisterio no excluye la manifestación pública de hipótesis razonables que puedan hacer avanzar la reflexión del Magisterio. Es lo que ocurre en toda familia bien avenida. Dice claramente que no existe un derecho al aborto. Su duda es si puede darse una colisión entre dos derechos fundamentales: el derecho de autodeterminación de la madre y el derecho a la vida del hijo. En este caso, en principio, el derecho a la vida tiene preeminencia sobre el derecho a la autodeterminación. Pero esta preeminencia es problemática si se impone desde fuera. Nadie puede obligarme, aunque pueda vivir perfectamente con un solo riñón, a desprenderme del otro por muchas vidas que así se salven. Aplicado al tema que nos ocupa: ¿Qué hacer en el caso de un embarazo, cuando la vida de la madre corre peligro o cuando es fruto de una violación?

A mi entender, para este viaje no hacían falta tantas alforjas. Porque en el primer caso la moral más tradicional acepta que, en caso de peligrar la vida de la madre, hay que salvar la vida de la madre. Lo de la violación es otra historia, pero quizás la duda no estaría tanto en el aborto como en la posibilidad de tomar productos antidinatorios. Surge entonces otro problema: según la doctrina eclesial, la vida no empieza en la anidación, sino en el momento de la concepción. Pero esta es una discusión en la que no todos están de acuerdo, aunque la cautela de la Iglesia es comprensible, y hasta más respetuosa con la dignidad humana.
 



Matrimonio: primero amar, luego procrear

lunes, 12 de octubre de 2009 | Hay 4 comentarios

En un reciente número del Full dominical que se reparte en las parroquias de Mallorca, un joven sacerdote ha sorprendido desagradablemente a algunos de sus colegas y ha podido despistar a muchos laicos con lo que escribe sobre el matrimonio. Dejo aparte la poco acertada apelación a las bodas de Caná, pretendiendo que allí Cristo elevó el matrimonio a sacramento. Mucho más desafortunado es decir que “la finalidad primera del matrimonio no es establecer una comunidad de amor… sino engendrar hijos para Dios y para la Iglesia”.

Cierto, no hay contraposición entre ambas finalidades. Pero, después del Vaticano II, la doctrina de la Iglesia ya no habla de un fin primero al que estarían subordinados otros fines. El actual Código de Derecho Canónico recoge doctrina conciliar y pone en pie de igualdad “el bien de los cónyuges y la generación y educación de la prole”. El joven mosén apela a la enseñanza de León XIII, Pío XI y Pío XII como aval de sus afirmaciones. Se ha quedado un poco atrasado. Posiblemente no conozca una distinción interesante de cara a la teología y la pastoral: una cosa es la doctrina de la Iglesia y otra la fe de la Iglesia. Ni haya pensado que sin hijos puede haber verdadero matrimonio; sin amor, no. Más aún: con hijos se solicitan y conceden nulidades; con amor, no.

Jesús, al hablar del matrimonio, apelaba a la voluntad de Dios manifestada “en el principio”. En este principio, Dios encargó a la pareja humana una doble tarea: crecer y multiplicarse. Primero crecer: crecer ellos dos. En el amor y por el amor. Y crecer siempre, amarse siempre. Por eso, la primera pregunta que se formula en los escrutinios previos al matrimonio no es, como quizás algunos piensan: ¿estáis abiertos a la vida?, sino: ¿estáis abiertos al amor? Solo a la luz del amor tiene sentido lo segundo: multiplicaos. Un multiplicaos que no es, como el crecer, una tarea permanente, sino que requiere responsabilidad, discernimiento de las circunstancias materiales y espirituales, y común acuerdo. Porque los esposos, y no el director espiritual, son “los intérpretes” de Dios “en el deber de transmitir la vida humana y de educarla” (dice el Concilio en Gaudium et Spes, 50).



Florentino es dios y el P. Coll un santo

sábado, 10 de octubre de 2009 | Hay 4 comentarios

Con motivo de la canonización del dominico Francisco Coll resulta oportuna una breve reflexión sobre la santidad. San Pablo califica de santos a los destinatarios de sus cartas porque la santidad no está reservada a nadie, sino ofrecida a todos: es una marca que manifiesta la pertenencia de quien la lleva al Señor Jesús. Esta pertenencia suscita un nivel de vida más humano, tanto en el terreno personal como en el social. Los grandes modelos de santidad han sido grandes benefactores de la humanidad, a veces de forma humilde y, a veces, de forma más conocida, de modo que su obra humanizadora no se ha limitado a su corta vida; ha continuado una vez que han dejado esta tierra, en ocasiones por medio de otras y otros que han proseguido su carisma y han creado instituciones, educativas por ejemplo, buscando siempre el bien para los seres humanos. Es el caso de san Francisco Coll, fundador de la Congregación de las Dominicas de la Anunciata, que también fue un gran predicador popular y un hombre sensible ante la falta de formación humana y religiosa de niñas y adolescentes.

La palabra santo no está de moda. Sí lo están: dios o divino. En algunos ambientes se califica de divinas o divinos a algunos personajillos. Recuerdo que el pasado 3 de julio, en la Cadena Ser, narrando la presentación de un futbolista en el estadio Santiago Bernabeu, el locutor dijo literalmente: “En este ambiente de éxtasis, de éxtasis absoluto, la gente gritaba: Florentino, eres dios”. Antes, en su primera época de Presidente del Real Madrid, Butragueño le calificó de “ser superior”. En vez de santos, el mundo prefiere dioses. Una canonización es una buena ocasión para recordar que no hay más Dios ni más Santo que el Padre de nuestro Señor Jesucristo: “tú solo eres Santo”. Pero también “fuente de toda santidad”. El ser humano está llamado a asemejarse a Dios, en lo que consiste la santidad. Eso sí, la santidad de Francisco Coll, y en definitiva la de todo cristiano, es de otro nivel, de otra categoría, de otra galaxia a la de los modelos “divinos” que extasían al mundo.



Pecado más delito, escándalo mayúsculo

jueves, 08 de octubre de 2009 | Hay 4 comentarios

La Iglesia absuelve los pecados y, a veces, no denuncia los delitos de sus miembros más relevantes hasta que no se convierten en un escándalo social. No es menos cierto que algunos delitos, que también son pecados graves para la conciencia creyente, son más aireados que otros por los medios de comunicación precisamente porque son imputados a ciudadanos que hacen gala de su condición de buenos católicos.

El escándalo que produjo el dimitido concejal del ayuntamiento de Palma de Mallorca, Rodrigo de Santos, catequista de la parroquia de Son Oliva en dicha ciudad, por haber usado fondos públicos para satisfacer vicios privados en locales de nula reputación, ha sido multiplicado por haber sido posteriormente acusado del delito de corrupción de menores. Si en su momento el exconcejal reconoció el mal uso de fondos públicos y devolvió el dinero, ahora niega las acusaciones de corrupción. El caso ha quedado visto para sentencia. No cabe duda de que su pública condición de militante de un movimiento eclesial, hace que el asunto tenga un interés añadido. Algunos hechos lo hacen todavía más desagradable. Uno, que la defensa haya llamado como testigos a algunos líderes del movimiento, especialmente al sacerdote Nicanor Martínez, al que el Magistrado tradujo en términos religiosos la ley que prohíbe mentir en un proceso penal, recordando el octavo mandamiento. En su defensa el acusado y uno de sus testigos, se refirieron al modo como los chilenos ven las cosas, en alusión a la procedencia de los menores. El Magistrado llamó la atención, en términos duros, por esas observaciones totalmente fuera de lugar.

Ojalá el acusado sea declarado inocente del delito que se le imputa. Por su bien y el de su familia. Sea cual sea la sentencia este caso me suscita una reflexión, que me aplico en primer lugar a mi y luego ofrezco como humilde consejo: si pecas, al menos no cometas delito. Porque entonces el escándalo es mayúsculo y el daño puede ser irreparable.



"Todos a la manifestación" o no

lunes, 05 de octubre de 2009 | Hay 10 comentarios

Desde el mes de agosto algunos medios animan a sus oyentes y lectores a acudir a una manifestación en Madrid el próximo día 17 de octubre. Este pasado domingo, en la entrada de algunas parroquias, había mesa petitoria de firmas y folletos sobre la susodicha manifestación. Pero lo más interesante es que, en los últimos días, se han paseado por Valencia coches con altavoces que lanzan al aire: “Zapatero dimisión. El 17 de octubre todos a la manifestación de Madrid”. Ya empezamos a aclararnos sobre el objetivo de la manifestación: Zapatero dimisión. Petición muy legítima. Tan legítima como cualquier otra opción u opinión política. Entiéndase: cualquiera que no atente contra la dignidad de las personas y no pretenda instaurar un régimen dictatorial.

¿El Gobierno de Zapatero atenta contra la dignidad de las personas? Depende del punto de vista en el que nos situemos. No creo que lo haga mucho más, ni mucho menos, que otros gobiernos democráticos, incluidos los del anterior Presidente. Porque ni en política, ni en muchos otros aspectos de la vida, hay opciones puras. Y, sobre todo, no hay opciones que puedan identificarse totalmente con el Evangelio. De ahí que sea comprensible que algunos cristianos, cuando votan, lo hagan siguiendo el principio del “mal menor”. El mal menor, porque el no votar sería peor. La política es posibilista.

La manifestación está convocada por grupos católicos. Con toda legitimidad. Pero no hay que pensar que quienes no asistan son menos católicos que los que asistirán. Quizás algunos de los no asistentes teman que se confunda la necesaria defensa de la vida con la manifiesta intención de desgastar al Gobierno. Otros pueden pensar que más que condenas o actitudes “en contra”, sería mejor proporcionar recursos a la adolescente embarazada para afrontar su situación. Otros quizás entiendan que es preferible no juntarse con políticos que asistirán y no son garantía de autoridad moral en terrenos en los que un cristiano debería ser muy sensible, como la buena procedencia del dinero, por poner un ejemplo. Cualquier postura tiene sus pros y sus contras. Pero lo que no puede aceptarse de ninguna manera es pretender identificar la propia postura con “lo católico”. Eso sin olvidar que el crimen del aborto es la gota que colma el vaso de una sociedad que no puede o no sabe inculcar una educación, unos valores.



Padre bueno ante cientos de muertos

sábado, 03 de octubre de 2009 | Hay 6 comentarios

Un lector pregunta (comentado el post “Dios ¿ingeniero o artista?”) cómo explicar a la buena gente que Dios es Padre a la vista del último terremoto ocurrido en la isla de Sumatra, que ha dejado cientos de muertos. Preguntas similares se escuchan cada vez que la naturaleza resulta mortal para las personas. Porque si el terremoto hubiera ocurrido en un lugar desértico nadie se preguntaría qué tiene que ver Dios en el acontecimiento. La pregunta surge cuando hay personas afectadas. El problema no es tanto el terremoto cuanto las personas. Y, aunque hay algunas respuestas explicativas de cómo se compagina la existencia de un Dios bueno y todopoderoso con el mal y el sufrimiento, basadas en la finitud y libertad humanas, no resulta fácil consolar a los que sufren con este tipo de argumentos. Del mismo modo que cuando se pierde un hijo en un accidente de tráfico, no valen argumentos sobre la imprudencia de los conductores o la necesidad de mejorar los sistemas de seguridad en el vehículo. Las personas prefieren, si no culpar a Dios, al menos interpelarle.

Las explicaciones teológicas sobre el problema del mal es preferible dejarlas para la clase o para los momentos de serenidad. En el momento del sufrimiento lo que dignifica al ser humano es ayudar y acompañar. Y, si estamos ante personas religiosas, decir una palabra humilde sobre el amor de Dios que en la cruz de Cristo se solidarizó con todos nuestros sufrimientos y en su resurrección prometió un futuro a lo que aparentemente no tiene ninguno. Por otra parte, los que contemplamos el asunto con un poco de distancia, antes de apelar a Dios, convendría que nos hiciéramos algunas preguntas: ¿qué ha pasado?, ¿qué puedo hacer ante lo ocurrido?, ¿cuál es la causa de lo ocurrido?, ¿por qué la naturaleza siempre golpea más a los pobres?, ¿qué puedo hacer para evitar que desaparezca esta causa? Solo después resulta posible preguntar por el papel de Dios ante lo ocurrido. Una pista: el hombre es contingente, falible, limitado. Lo contingente alguna vez acaba, lo limitado no lo puede todo, lo falible alguna vez falla. El hombre no es Dios.



Capacidad de ver la belleza

viernes, 02 de octubre de 2009 | Hay 5 comentarios

La visita del Papa a la república checa ha pasado casi desapercibida para los medios españoles. Y, sin embargo, en los discursos pronunciados en esta república, se encuentran algunas perlas que denotan, una vez más, la maestría que tiene Benedicto XVI para expresar con elegancia sus ideas. Me quedo con las últimas palabras que pronunció en suelo chequio, inmediatamente antes de subir al avión que le llevaría desde Praga a Roma: “Según un adagio atribuido a Franz Kafka, quien permanece capaz de ver la belleza no envejece jamás. Si nuestros ojos permanecen abiertos a la belleza de la creación de Dios y nuestros espíritus a la belleza de su verdad, entonces podemos esperar permanecer verdaderamente jóvenes y construir un mundo que refleje de alguna manera esta belleza divina, y ayudar a las futuras generaciones a hacer lo mismo”.

Estar abierto a la belleza de la creación y a la belleza de la verdad para construir un mundo que sea reflejo de la belleza divina. ¿Está el hombre moderno capacitado para percibir esta belleza? ¿Cómo miramos a la naturaleza y a los seres humanos? El hombre de hoy observa la realidad en función de su utilidad inmediata y busca, para su propio provecho, explotar los recursos de la naturaleza. Cuando la mira ya no descubre espacios sagrados, que reflejan la bondad del Creador, sino lugares turísticos a los que se accede con dinero. La naturaleza ha perdido su encantado y todo está domesticado por la técnica y el dinero.

¿Y qué decir de la belleza de la verdad? En realidad hoy interesan más las mentiras que producen beneficios inmediatos, que la búsqueda de la verdad, que posiblemente nos obligaría a mirar con misericordia al prójimo y a ocuparnos de él. Porque la belleza de la verdad, cuando se refiere al prójimo, no está en sus rasgos físicos, sino en su ser imagen de Dios y en buscar, en toda relación con él, que resplandezca esta imagen. El pecado, el egoísmo, la violencia, la mentira impiden mirar con limpieza al mundo y a las personas. Hacen incluso que miremos torticera y sesgadamente. Nos ciegan para la totalidad de lo real, para ver aspectos positivos que reflejan mejor la mano de Dios.