¿Quién será capaz de imitar en todo la virtud de este hombre? Podemos admirarla y a la luz de su ejemplo, apreciar la flojedad de nuestro tiempo
Testigos de canonización
Blog de: Martín Gelabert Ballester, OP

Niña de seis días en busca de padres

domingo, 30 de septiembre de 2007 | Hay 4 comentarios

En un hospital público de Valencia, ayer sábado, dejaron abandonada a una niña de seis días. Tiene una enfermedad muy infrecuente que requiere muchos cuidados. Me perdonarán si no la describo bien: se trata de un problema con los huesos de la cabeza, que se cierran antes de tiempo e impiden un correcto desarrollo del cerebro. Es posible lograr una cierta calidad de vida, pero requiere muchas operaciones y cuidados. La oficial del hospital que acoge a la niña recuerda a una familia que hace cuatro años adoptó a un niño, en ese mismo hospital, que también padecía una grave enfermedad, al que nadie quería, y que ellos se llevaron a su casa y han cuidado como a un hijo más. Llama a la mujer y le informa del nuevo caso de abandono, añadiendo que no confía demasiado en los servicios sociales y prefiere que una familia como la suya adopte a la niña. ¿Quién es esa mujer llamada al hospital porque hubo una primera vez? Una cristiana, convencida y convincente. Ayer tarde, sábado, acudió con sus hijos a la Misa dominical que yo celebré, como otros muchos sábados. Después de la Eucaristía, desde el ambón, la mujer se limitó a informar del caso a los hermanos en la fe.

No se trata de juzgar ni condenar. Se trata de alegrarse de que haya personas que se han encontrado con Jesucristo y son testimonio de amor y solidaridad. En esos temas, como en casi todo, los grandes discursos no sirven de nada. Las instituciones sirven de algo. Pero lo que de verdad sirve es un amor -¿cómo calificarlo?- un “amor capilar”, de tú a tú, de persona a persona, cercano, próximo. Se nota que eres cristiano cuando te buscan, cuando en caso de apuro acuden a ti, se acuerdan de ti, saben que encontrarán en ti a una persona sensible, atenta. Es el encuentro con Jesucristo y no el discurso moralizante, y menos aún la crítica a lo mal que está esta sociedad, lo que logra que haya personas como esa mujer, llamada por si conocía a alguien que pudiera adoptar a la niña abandonada.



Capillas protestantes y agua bendita

viernes, 28 de septiembre de 2007 | Hay 7 comentarios

En Ecuador hablé a catequistas y a profesores de religión. Pude constatar la influencia de las sectas protestantes, que tanto preocupaba a Benedicto XVI en su discurso a los obispos latinoamericanos en Aparecida. Una pregunta que siempre aparecía en mis reuniones con catequistas y profesores de religión era: ¿por qué la gente acude a las capillas protestantes, por qué niños y mayores prefieren la predicación del pastor a la que se da en la parroquia católica? Uno de mis oyentes me preguntó de forma gráfica: ¿pero qué les dan?

Eso digo yo: ¿qué les dan?, ¿qué les dan que no les damos nosotros y a lo mejor deberíamos darles? Observé que algunos lugares católicos ofrecían muchas devociones y mucha agua bendita. Me sorprendió y me impresionó ver tanta agua bendita, tanta predicación sobre supuestos milagros y poderes curativos del agua bendita, con bendiciones de la Virgen y de San Vicente Ferrer. El santo dominico está muy presente en Ecuador, y muy presente el agua de San Vicente Ferrer.

Si nosotros no anunciamos a Jesucristo otros lo harán. Y lo harán también los medios de comunicación. En una de las cadenas de televisión, durante mi estancia en Ecuador, se anunciaba un programa que supuestamente iba a dar a conocer “la verdad sobre Jesús”. Ya sabemos en que consiste esa verdad: en si tenía hijos, en si tenía relaciones matrimoniales con María Magdalena, en si murió en Cachemira. El hecho es que la figura, la persona de Jesús interesa y mucho. Si los cristianos católicos, no anunciamos a Jesucristo, sino que ofrecemos “otras cosas”, procesiones, estampas milagrosas, agua bendita, otros sí ofrecen a Jesucristo. Y la gente acude.

Importa además preguntarnos qué entiende la gente cuando decimos el nombre de Jesús. No sea que cuando decimos Jesús, la gente entienda “otra cosa”. Eso, suponiendo que digamos Jesús. En este terreno, en nuestros modos de predicar, en los contenidos de la predicación, en la pregunta sobre a quién favorece o a quién molesta lo que decimos, ahí se juega la misión de la Iglesia.



Una perla de esas que ya no se dicen

domingo, 23 de septiembre de 2007 | Hay 5 comentarios

He encontrado, leyendo unos textos antiguos del P. Chenu (1895-1990), teólogo dominico francés, esta perla: “Todos los pobres que buscan tienen el presentimiento de que Cristo existe”. Tomo nota enseguida. Sigo leyendo, y vuelvo a tomar nota: “En cuanto se acercan a la Iglesia, se van. No encuentran a Cristo”. Yo no me hubiera atrevido a decir esto último, aunque me atrevo a copiarlo. Esas perlas antiguas dan mucho que pensar, no sólo sobre los pobres, sino también sobre la imagen que damos los fieles cristianos, sobre lo que reflejan nuestras vidas, sobre lo que otros ven. Me preocupa que, en España, la Iglesia sólo aparezca en los medios de comunicación cuando se trata de temas institucionales, de desacuerdos con el gobierno, de escándalos clericales, de divisiones más o menos exageradas entre los obispos o entre obispos y religiosos. Y me preocupa más que en algunos blogs denominados católicos (Sixto aludió hace poco al más ruidoso), sin duda muy leídos, además de mucha rumorología, sigan encontrándose ese tipo de temas tratados de forma parcial y escandalosa. Si alguien quisiera hacerse una idea de lo que es la Iglesia a partir de las noticias de prensa o a partir de esos blogs se llevaría una muy triste imagen.

Y ya puestos sigo citando al P. Chenu y así comparto mi lectura con ustedes: “Fundar una Iglesia no es primariamente establecer estructuras y medios temporales de influencia, por no decir de poder; es dar testimonio de la Palabra de Dios, con amor fraternal. La Iglesia no tiene que tratar de construir para ella un mundo cristiano al margen del ‘mundo’, sino que tiene que cristianizar el mundo tal como éste se construye, tal como está construyéndose en este extraordinario siglo XX. Oigo decir: ‘Si el mundo se construyese mejor, sería posible hacer algo’. No; hemos sido enviados al mundo tal cual es; éste es el mundo que Cristo ha amado y por el cual murió”.



Los indios shuar

viernes, 21 de septiembre de 2007 | Hay 1 comentarios

En la selva amazónica ecuatoriana hay distintas tribus indias. Un grupo de novicias dominicas tienen la ocasión de conocer durante unos días a una comunidad de indios shuar. Cuando regresan a Quito, a la casa noviciado, yo estoy allí. Me enseñan, muy contentas, unas lanzas con las que han sido obsequiadas por el catequista, que es también el jefe de la tribu. El catequista, delante de toda la comunidad shuar, les explicó que para ellos la lanza era un símbolo sagrado que no regalaban a cualquiera. Y añadió: “antes usábamos esas lanzas para matar a otros; después de recibir el Evangelio, las hemos convertido en un símbolo del mal que hay que matar en nosotros mismos”. Me quedo pensativo, recordando al profeta Isaías: en los tiempos mesiánicos de las lanzas se forjarán arados; y me pregunto a mi mismo si los pueblos occidentales llamados cristianos hemos acogido, sí o no, el Evangelio, pues seguimos utilizando lanzas sofisticadas para matar.

De pronto caigo en la cuenta de que tampoco la comunidad shuar es un pedazo de cielo. Me dicen las novicias que los indios son vengativos (si uno de ellos muere en un dispensario, buscan vengarle matando al supuesto responsable), y tienen sus propios ritos de castigo (si un varón viola a una mujer, le queman los testículos). Entonces recuerdo a Lutero: también el que ha recibido el Evangelio sigue siendo un pecador. El hombre justificado es a la vez justo y pecador. Pero para Lutero el pecado del justo es un pecado dominado, vencido. La historia de los indios shuar y la mía propia me hacen pensar que una vez convertidos queda mucho camino por recorrer, pues vencer al pecado es una tarea permanente. Permanente, pero posible: la prueba está en esas lanzas que antes mataban personas y ahora buscan matar el propio mal.



El lenguaje retrata y compromete

martes, 18 de septiembre de 2007 | Hay 1 comentarios

En un periódico de tirada nacional encontramos hoy un página titulada “Verdades silenciadas del aborto”. Me ha sorprendido el lenguaje de la autora. Califica el aborto de “necesidad social” y “solución digna a la demanda de unas mujeres”. Considera que la ley es “ambigua”, pues “sólo autoriza la interrupción del embarazo” en determinados casos. Se refiere al “excelente servicio” y “calidad humana de los profesionales que atienden esta prestación”, en los que “siempre ha primado el interés social frente a cualquier interés lucrativo”. Como “prueba” compara “la interrupción del embarazo con los precios que se cobran por una ecografía de diagnóstico prenatal”. Estoy seguro de que cada lector hará su propia valoración de palabras tan intencionadas como desafortunadas. El artículo acaba con unas palabras de las que los católicos deberíamos tomar nota, pero en sentido distinto a la intención de la articulista: “miles de mujeres reclaman una atención que no admite demora, que debe ser atendida. Es una responsabilidad de todos”. Pues sí: es una responsabilidad de todos. Es cierto que hay instituciones católicas que atienden a muchas de esas mujeres ofreciendo alternativas de vida a su sufrimiento o a su embarazo no deseado. No estaría mal que ya que tenemos capacidad de hacer ruido, hiciéramos un poco de propaganda positiva a favor de esas instituciones.

En otro periódico, valenciano ese, leo que “Cuatro acusa a la Cope de prohibir un anuncio” de uno de sus programas. El anuncio me parece una provocación. Espero no molestar si reproduzco una frase, sólo para que se hagan una idea: “Simón Pedro, tu serás Trancas y tú, Andrés, Barrancas”. Luego vienen alusiones a Judas Iscariote. Razón del rechazo de la cadena radiofónica: “el contenido no es apropiado en relación con el ideario y valores de la emisora”. Claro que no es apropiado. Pero un poco de autocrítica no vendría mal y ayudaría a revisar otros contenidos, que sí se emiten, no apropiados con el ideario y valores de la emisora.



Tienen hijos, pero no comida

domingo, 16 de septiembre de 2007 | Hay 1 comentarios

En los márgenes de la selva oriental del Ecuador, selva que se adentra en territorio brasileño, hay una casa humilde y bien cuidada. Allí viven tres hermanas dominicas, una de ellas española, la más veterana. Me habla de su labor apostólica. La comunidad está al frente de varias parroquias, cuidan la catequesis, trabajan en la curia episcopal. La española hace de “madre” de 80 niños necesitados, recogidos en un hogar en la selva. Enfrente del convento hay un comedor para ancianos. Muy ordenado y limpio. Pregunto a la hermana española, cuando me enseña la cocina, si los ancianos son los que se hacen la comida. Me dice que dos cocineras se ocupan de ello. Y añade, refiriéndose a los ancianos: “tienen hijos, pero no tienen comida”. Triste contraste es ese de padres que no pueden (¿no pueden?) ocuparse de sus hijos e hijos que dejan abandonados a sus padres.

La frase de la hermana me hizo pensar. “Tienen hijos”: por tanto los criaron y los alimentaron. Ellos y ellas tuvieron comida para sus hijos. Ahora los hijos no tienen comida para los padres. Siendo la comida importante, posiblemente detrás del “no tienen comida” se esconde un drama peor: no tienen cariño. Los hijos les han dejado tirados.

Posiblemente en España la situación (allí donde se dé, claro) tiene alguna variante: tienen hijos y tienen comida. Pero muchos no tienen cariño. También se sienten abandonados. Eso sí, como tienen comida, o sea, dinero, cuando llega el momento de hacer testamento los hijos acuden como moscas a un panal de rica miel. Allí donde hay comida, los hijos siempre acuden. Movidos por la comida, claro. Ya lo dijo Jesús: me buscáis porque os he dado de comer (Jn 6,26). ¡Qué pena buscar a uno por el pan del cuerpo, por el pan que perece, cuando lo que él pretende es dar el pan del amor, el pan que no perece!



El reverso de la cruz

martes, 11 de septiembre de 2007 | Hay 1 comentarios

El próximo 14 de septiembre celebramos la fiesta de la exaltación de la cruz. La de Jesús ilumina las nuestras: “El que no carga con su cruz y me sigue no puede ser mi discípulo”. Nunca ha sido fácil cargar con la propia cruz. Pero tampoco es fácil hablar de ella más allá de los tópicos habituales. Si se intenta ir más allá, buscando una comprensión para el hoy y aquí de mi vida, y no digamos el hoy y aquí de la sociedad e incluso de la Iglesia, puede uno acabar crucificado (y nunca mejor dicho).

La cruz tiene dos caras. En determinados círculos creyentes es de buen tono hablar de la cruz “en directo”, haciendo aplicaciones personales que apelan al sacrificio y a la resignada asunción de los males de la vida. Este discurso no suele ser entendido por los no creyentes. En esos mismos círculos no es de buen tono buscar el reverso de la cruz, lo que la cruz no es: no es búsqueda de poder, de influencia, de prestigio; no es utilizar medios de presión; no es condenar ni amenazar. Lo que la cruz no es suele ser entendido por muchos no creyentes. Y hasta se sienten agradablemente sorprendidos por ese discurso de lo que no es. Triste paradoja: la cruz aceptada y la cruz rechazada. Aceptada por unos y no comprendida por otros cuando no molesta. Rechazada por unos y comprendida por otros cuando cuestiona.

En todo caso, más que hablar de la cruz es preferible hablar del Crucificado. Contemplarle nos coloca ante un dilema: ¿con quién estamos, con el crucificado o con los que le crucifican? Dicho de otro modo: ¿estamos con la cruz o con el crucificado? Estar con el Crucificado es estar contra las cruces, contra esas cruces que nos cargamos los unos a los otros, contra tanto sufrimiento provocado. Esta cruz nos invita a tomar partido.



La frágil condición humana

lunes, 10 de septiembre de 2007 | Hay 1 comentarios

Llevamos semanas oyendo las peripecias de la investigación sobre el caso Madeleine, esta niña británica desparecida en Praia da Luz, mientras sus padres cenaban con unos amigos. ¿O acaso desapareció, no durante sino, como sospecha la policía, antes de esa cena en la que cada comensal consumió un promedio de 1,7 litros de vino? Si esa sospecha se confirmase, significaría probablemente que fue la madre quien mató a su hija, es posible que accidentalmente. Y si fue accidentalmente, aunque fuese un accidente producto de un descuido o incluso de un momento de mal humor o de una irritación, ¿no hubiera sido mejor confesarlo desde el primer momento y no montar una campaña de ocultación en la que han recaudado casi dos millones de euros?

Los padres de Madeleine son unos profesionales honrados, valorados como gente amante de la familia por sus amistades. ¿Cómo es posible que haya circunstancias que pueden cambiar a un ser humano de honrado en mentiroso, de veraz en falso, de cariñoso en criminal? ¿El miedo quizás? Esas preguntas me hacen pensar en la fragilidad de la condición humana, en eso que dice la Escritura: el que se cree seguro, ¡cuidado!, no caiga (1Co 10,12). Ya constataba Tomás de Aquino que el ser humano no puede estar siempre alerta, que todos nos adormecemos alguna vez. ¿Qué hubiera hecho yo en parecidas circunstancias?, ¿qué hago o haría en otras circunstancias en las que la cobardía, la vergüenza o el temor me pueden? No tengo ganas de condenar, quiero comprender. Y quiero aprender: “primicia de la sabiduría es el temor del Señor”.

Kate McCann y su marido dan pena. Pena por el horrible tormento por el que pasan si son inocentes. Pena si son unos criminales. Pena por la fragilidad de la condición humana. Pena por mi propia debilidad. Danos tu Espíritu, Señor, Espíritu de justicia, fortaleza, verdad, sobriedad…



Misa en latín... y en valenciano

jueves, 06 de septiembre de 2007 | Hay 4 comentarios

El 14 de septiembre entra en vigor la norma por la que se permite utilizar el Misal latino, promulgado por Pío V en 1570, según la reforma establecida en 1962 por Juan XXIII. Es un matiz interesante, pues Juan XXIII corrigió aspectos antisemitas de ese Misal, como la mención a la “pérfidos” judíos el Viernes Santo. No creo que con ello se solucione el problema que ha motivado esta concesión, a saber, la vuelta a Roma de los partidarios de Lefebvre. Este grupo cismático no rechaza sólo la Misa en lengua vernácula, sino la globalidad del Vaticano II. Y en eso no hay vuelta atrás.

Lo interesante del decreto de Benedicto XVI es la razón ofrecida para esta vuelta a la Misa en latín: donde haya un número estable de fieles que lo soliciten el párroco deberá satisfacer su demanda. No es una mala razón. Los sacramentos son para los hombres. La liturgia debe favorecer la participación de los fieles, el encuentro con el Señor, la escucha de la Palabra. Por eso me pregunto: ¿el latín favorece la escucha de la Palabra, favorece de verdad la oración? Para escuchar la Palabra y poder orar se necesita entender lo que se oye y se dice. Precisamente a propósito del hablar en lenguas escribía San Pablo: “en la asamblea prefiero decir cinco palabras con sentido, para instruir a los demás, que diez mil en lenguas” (1Co 14,19). Es de suponer que los fieles que soliciten estas eucaristías entenderán fácilmente el latín. Para ser coherentes la homilía tendrá que ser también en latín.

Puestos a utilizar el estupendo principio de la utilidad de los fieles, ¿por qué no aplicarlo a otros colectivos y situaciones? Por ejemplo, en la diócesis de Valencia hay muchas dificultades para celebrar la Eucaristía en valenciano, a pesar de la demanda real que hay. Y los dominicos tenemos un antiguo rito eucarístico suprimido por el Vaticano II. Si algunos estuvieran interesados en revitalizarlo, ¿lo tendrían fácil? Uno termina por sospechar que eso del latín no hace sino ocultar otro tipo de intereses o desintereses.



Presupuestos no puestos

domingo, 02 de septiembre de 2007 | Hay 1 comentarios

En la América “profunda” (y posiblemente en muchos otros lugares): familias desestructuradas, frecuentes adulterios, niños que se suicidan porque no aguantan los maltratos de los compañeros de su madre biológica, tráfico de drogas, alcoholismo… Eso sí, todo acompañado de muchos rezos, muchas velas, mucha novena, mucha agua milagrosa, algún que otro altar a San Judas Tadeo plagado de exvotos, gente que acude a la vez a la parroquia católica y a la capilla de una de los muchas sectas protestantes, credulidad a raudales…

Cuando no te lo cuentan sino que lo ves, cuando conoces de cerca algunos casos, aunque sea fugazmente, cuando te preguntas qué se puede hacer y no puedes hacer nada porque estás de paso, entonces comprendes la razón de ser de muchos intentos de inculturación del evangelio, comprendes la necesidad de una teología liberadora de tanta esclavitud provocada por la pobreza humana y religiosa, siempre acompañada de pobreza económica. Comprendes también la necesidad de una evangelización, de una pastoral que vaya mucho más allá de una magia sacramentalizadora, una pastoral capilar (como dijo Benedicto XVI), de acompañamiento personal, de creación de pequeños grupos concientizados. Una pastoral que incida, ante todo, en los presupuestos.

¿Qué he de hacer para conseguir vida eterna?, preguntó un rico a Jesús. El final es lo que importa: Sígueme. Pero lo urgente es el primer paso para llegar al final: “ya sabes los mandamientos”, o sea, los derechos y deberes humanos. Lo humano, presupuesto necesario de la gracia, el ser persona presupuesto necesario del ser cristiano. Sin mandamientos, sin respeto a los derechos y cumplimiento de los deberes humanos, no hay posibilidad de seguimiento. Si queremos anunciar el Evangelio allí donde lo humano no está bien estructurado, habrá que comenzar por arreglar lo humano. Arreglando lo humano anularemos, por añadidura, las bases de mucha superstición y credulidad.