La comunidad vive en función de la misión, siempre en movimiento y en la búsqueda del otro
Cap. Bogotá n. 163
Blog de: Martín Gelabert Ballester, OP

Dejar lo mío

jueves, 12 de julio de 2007 | Hay 3 comentarios

El próximo domingo los que tengan necesidad de celebrar la Eucaristía, escucharán la parábola del samaritano misericordioso (ver Lc 10, 29-37). Digo “los que tengan necesidad”, porque la Eucaristía, más que una obligación, es una fiesta que los cristianos necesitamos celebrar para encontrarnos todos juntos con Jesucristo y escuchar su palabra de vida.

Martín Luther King, en uno de sus sermones, dice que el sacerdote y el levita de la parábola (esos que pasaron de largo sin atender al judío malherido por unos ladrones), debieron preguntarse: ¿qué me pasará si me acerco a ese pobre hombre? Se me ocurre que esta pregunta podría completarse con otra que, con seguridad ellos no se hicieron y que bien pudo haberse hecho el samaritano: ¿qué le pasará a este herido si yo no me acerco?

¿Qué me pasará?: yo soy el centro de todo. Por tanto que los demás se acerquen a mi. ¿Qué le pasará?: el centro es el otro. Por tanto yo estoy llamado a dejar lo mío y ponerme en camino hacia él. En la parábola parece que el samaritano tiene todo su tiempo para el otro. En el fondo encontrarse con un necesitado es una complicación porque, de una u otra manera, pretende, ni más ni menos, que deje lo mío para ocuparme de él.
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Despedida y agradecimiento: Con este post me despido hasta septiembre. Mañana salgo hacia Ecuador por motivos de trabajo apostólico. Luego me tomaré 20 días de vacaciones. Gracias a los lectores y a los participantes. Un abrazo, y buen verano a todas y todos.



Fortaleza en la debilidad

domingo, 08 de julio de 2007 | Hay 8 comentarios

Es bueno ver las fortalezas que puede haber en la debilidad. Algo de eso decía Pablo a los Corintios (2Co 12,9). En la debilidad, en la enfermedad, es cuando hay que intentar sacar todo lo bueno que uno tiene. Y también confiar en que Alguien te sustenta y puede más que tú.

Una de las debilidades de nuestra sociedad es el individualismo. Se ha colado, por así decirlo, hasta en lo más comunitario, como es la familia. Uno ya estaba acostumbrado a ver que cada hijo tiene su propia televisión. Pero lo que no conocía es el nuevo modelo de matrimonio de fin de semana. Ella y él tienen su propio piso y sólo se encuentran para convivir los fines de semana. Cierto, también se dan en nuestras ciudades familias extensas, sobre todo entre los inmigrantes. Son familias extensas sí, pero en una cultura individualista.

Un cristiano no puede renunciar a la experiencia del vivir en común, del darse. La vida cristiana es una eucaristía, una entrega total al otro por amor. Importa, pues, que las familias cristianas busquen el modo de organizarse para vivir los valores de la comunión. Me dicen que hay un 30% de familias españolas que sólo hacen juntos una comida al día, normalmente la cena. Me dicen también que la mujer ha salido de casa, pero que el hombre no ha entrado. ¿Quién educa a los hijos? Se educan por delegación. No me parece una buena educación.

¿Y qué decir de la privatización de la fe? Sin duda es posible hacer una lectura positiva de una fe sin influencias sociales: hay ahí una oportunidad para que la experiencia de fe sea más auténtica y más sólida. Pero eso no puede de ningún modo llevar a una vida cristiana en solitario. Pues no es posible un encuentro con Cristo prescindiendo de los hermanos. Ellos son el camino, el medio, de toda auténtica relación con el Señor.



Por nosotros y nuestra salvación

domingo, 01 de julio de 2007 | Hay 5 comentarios

En el Credo confesamos que el Hijo eterno del Padre se encarnó “por nosotros los hombres y por nuestra salvación”. De modo similar la teología, la catequesis, la homilías, y toda labor pastoral ha de ser “por nosotros y por nuestra salvación”. Importa, pues, preguntar de qué Dios estamos hablando y de qué Dios entiende la gente que hablamos. No sea que al decir Dios haya quien entienda “otra cosa”. El nombre de Dios es como el papel, que al final, lo aguanta todo. ¡Cuántas atrocidades cometidas en su nombre! ¡Cuántos utilizan su nombre como instrumento de poder! ¡Cuántos profesionales de la religión hablan de Dios para los demás sin sentirse ellos mismos afectados!
   
En las parroquias se realizan, favorecen y apoyan muchas actividades. Es bueno que así sea para que los cristianos puedan implicarse en la que más les convenga, en la que mejor se sientan realizados, en la que más pueden aportar, o en la que consideren que se sentirán más cómodos. Pero en cada una conviene aplicar el “por nosotros los hombres”: ¿el diálogo interreligioso nos ayuda a ver lo bueno de las otras religiones y ayuda a los fieles de otras religiones a vernos a nosotros con ojos positivos?, ¿el diálogo ecuménico nos hace más amigos y despierta en nosotros el anhelo de una comunión más profunda con los otros cristianos?, ¿las catequesis, las conferencias o las clases de formación son un adoctrinamiento o ayudan a pensar, a tener criterio propio y una visión más abierta y positiva de las realidades mundanas y eclesiales?, ¿la pertenencia a una cofradía me hace más solidario con los que no son cofrades?, ¿las procesiones, las novenas o las devociones me encierran en mi mismo o me hacen sentirme enviado a los más necesitados?, ¿la predicación anima la fe, conforta la esperanza y estimula la caridad?, ¿cuándo hablamos de la parroquia lo hacemos como si se tratara de algo propio, que nos importa mucho, de un espacio donde encontramos hermanos que son amigos, o hablamos de un lugar donde se prestan una serie de servicios?